jueves, 28 de junio de 2018

JEANNETTE WINTERSON, ESCRITORA RABIOSAMENTE CONTEMPORÁNEA


 
 
 
Recientemente Lumen ha reeditado toda la obra traducida al castellano de una de las escritoras inglesas más importantes, universales y peculiares de los últimos tiempos: Jeannette Winterson. Considerada como novelista “queer” por poner el cuerpo en el centro de sus historias de amor y desencuentros (“Escrito en el cuerpo”)  ha sido capaz también de reescribir el pasado de su país y adentrarse en un futuro hipotético hecho de prosa poética y paradójicas profecías. Desde “Fruta prohibida” a su autobiografía “¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal”? conocemos a Winterson como una aventurera de la prosa, como una intrépida buscadora de tesoros, marcada por una infancia en una Inglaterra pobre y puritana con la presencia de una madre fundamentalista religiosa y un entorno humilde que trata de desterritorializar. También sus prontas salidas a la aventura íntima y su contacto con diferentes clases sociales, sin abandonar nunca el trasfondo inquieto en sus historias protagonizadas por mujeres o adolescentes que se buscan a sí mismas, y también su verdadero sexo y el significado de los signos que componen universos bien sea cercanos a Virginia Woolf, Lewis Carroll o Úrsula K. Leguin.
 
 
En “The Powerbook” desafía con el amor  y el erotismo los códigos de la informática y el espacio virtual y en “Espejismos” crea personajes tomados de la sátira social inglesa de otros tiempos para contarnos el periplo de mujeres “raras” que aman a mujeres, y también de otros seres que se buscan a sí mismos o a sus contrarios en universos hechos de una prosa a la vez cruda y exquisita, cuidada y sin ambajes a la hora de experimentar. Un erotismo que bebe de fuentes dispersas desde los clásicos hasta Monique Wittig (con su reinvención de una corporalidad lesbiana) y se pelea con los clásicos de la literatura en lengua inglesa, con ecos de Dickens o de las refinadas novelistas del XIX. Libros como “Planeta azul” o “El hueco del tiempo” han desconcertado con sus hechuras a sus admiradores tomando el sendero no solo de la fantasía sino también de la metaliteratura, igual que se atrevió a deconstruir la historia de los clásicos en su novela “La pasión” ambientada en un pasado  remoto desde una mirada joven e intrépida. Una de sus novelas más impresionantes ha sido “La mujer púrpura” donde reescribe un episodio de brujería desde un punto de vista feminista y lesbiano, con gran cantidad de matices, apuntes y sugerencias. Pero la escritura de Winterson nunca se queda en la narrativa al uso y su adscripción al vocablo “queer” se encuentra en su intrépida búsqueda de nuevos senderos lingüísticos mostrando no solo mundos prohibidos en los que supo habitar sino también transitando entre los géneros binarios y literarios.

martes, 26 de junio de 2018

BILLY ELLIOT EXPULSADO DE HUNGRÍA.


 
 
 
 
Cuando uno oye que determinado producto (en este caso cultural) incita a los niños a ser gays le viene una amarga sonrisa por la cantidad de poderosos e invisibilizados dispositivos que siguen incitando a los niños y las niñas a abrazar la heterosexualidad obligatoria en todos los ámbitos. Hungría se ha sumado al horror y el patetismo de Rusia al prohibir el musical “Billy Elliot” porque incita a los pequeños “a ser gays”. La historia de Billy Elliot es la historia de un adolescente heterosexual que por su afición al ballet debe enfrentarse a los prejuicios cavernícolas de algunas de las gentes que les rodean. Su empuje y el apoyo de otros lograrán que Billy Elliot a pesar del provincianismo mental que flota en su entorno se convierta en un gran bailarín. La historia toca de refilón la vivencia de la homofobia y el machismo cuando determinadas actividades o profesiones son consideradas propias de un sexo  u otro. Todo acompañado de números de baile en que vemos el espectacular progreso del joven protagonista. Las autoridades o quién sea en Hungría que ha llegado a la feroz posición censora nos hace temer el avance de la extrema derecha y sus manifestaciones sociopatológicas por parte de gobiernos de  algunos países del norte de Europa, en este caso Hungría.
 
 
Una sombra de racismo, sexismo y homofobia que recorre la Europa de los poderosos y que se extiende hasta la homófoba Rusia de Putin con sus ridículas leyes contra la propaganda homosexual y su policía del odio que ha convertido la zona en un lugar nada seguro para el colectivo LGTB llamado al silencio, el miedo  y la invisibilidad. No debe quedar rastro de nostalgia a la hora de condenar la homofobia en Rusia, los asesinatos selectivos, la dictadura silenciada, porque eso es servir en bandeja el poder coercitivo a países de extrema derecha. Durante mucho tiempo el movimiento LGTB ha hecho suya la frase de Emma Goldman “Si no puedo bailar, esta no es mi revolución” para llamar la atención de un sector de la izquierda algo cegata a los males del fetichismo revolucionario construido como impermeable y masculinista. Todo esto va cambiando y las luchas van de la mano de forma interseccional como han mostrado filmes como “Pride” de Andrew Marcus sobre la unión de los mineros y los activistas LGTB contra el thatcherismo y sus miserias.

viernes, 22 de junio de 2018

SEDUCCIÓN. Un poema de Zelda Johns.


 
 

 

Ya lo sé

No te conquistaría si me pareciese a Louis Garrel

Lo sé,

Sé, que te sentirías incómodo y estarías dudando de mi apariencia de francés

Te caen mal los franceses pero no las francesas

Lo se

Tengo el pelo liso y bastante largo

También sé, que nunca quisiste parecerte a alguien como Louis Garrel

Pero déjame comentarte

yo sí.

Yo siempre quise ser como Louis Garrel

Incluso antes de saber quién es Louis Garrel

Antes, cuando era adolescente,

Pensaba que mojaba las bragas por hombres como Louis Garrel

Pero hace poco,

desde que te conozco sé,

que no me gustan los hombres como Louis Garrel.

Ahora, sé, que siempre fui

un poco Louis Garrel,

un poco como James dean,

Pero confieso que no me parezco en nada a james Franco.

Y tampoco he querido ser nunca Sonny Crokett

Lo sé,

tú si,

tú querías ser un poco Sonny,

un poco Marty Mcfly

eras el héroe, yo el anti-heroe

tú simpático y amable,

yo antipático y perdido

Era Magneto y tu Xavier

Y míranos

Enamoradas buscando casas.

 

Observa a Louis y James

Como hacen la comida mientras te esperan

Como vuelven del trabajo con un pañuelo rojo al cuello

 y un blazer de cuatro botones -soy alta para poder llevarlo-

mira como sacan a nuestro perro a primera hora de la mañana

como se despiden desde la cama.

Lo sé

La yo que es Louis y James

No te gusta

La miras de soslayo y desconfías

Esa no es, te lo puedo asegurar

La que no baja la tapa del wáter.

jueves, 21 de junio de 2018

PASOLINI. TODOS ESTAMOS EN PELIGRO







La editorial  Trotta ha realizado con “Todos estamos en peligro” una completa compilación de ensayos, artículos y entrevistas con Pasolini como autor y protagonista. Ya en su tiempo tanto el escritor como el director de cine o el intelectual politizado nadaban en un mar de contradicciones. Si vaticino la Europa que domestica a los jóvenes nunca fue claro con sus postulados en torno a la religión, el marxismo o los derechos de la mujer llegando a posiciones radicalmente o aparentemente opuestas, desde visiones críticas. Admirador de Gramsci heredero de la cultura popular italiana Pasolini defendió un cine de poesía aunque sus orígenes se remontan a una visión particular del neorrealismo, la desestructuración social y los chicos de la calle. Vilipendiado por la cultura oficial y la derecha cristiana o la Iglesia Oficial sus declaraciones siguen siendo, aún hoy, objeto de encontradas polémicas y variopintas interpretaciones, aún abiertas a múltiples lecturas. 


Todos estamos en peligro” incluye sus polémicas con los jóvenes de izquierda, su dialéctica sobre el cine y la literatura, su amistad con Moravia, sus homenajes a Gramsci, la Italia desolada de su bello y desgarrado filme “Accatone”, las polémicas que suscitaron sus películas más iconoclastas  así como otros muchos testimonios de su vida y su obra, desde sus orígenes hasta su trágico asesinato en la playa de Ostia. Poeta de las palabras y las imágenes, novelista  arremetió sin tapujos contra las formas de fascismo insertas en la cultura oficial y de consumo y canto a la libertad creativa y el retrato personal de la Italia de los desheredados, así como viajo a otros lugares del mundo en busca de otros modos de organización social. Pasolini admiraba el espíritu de resistencia de la izquierda que conoció en EEUU en los setenta aunque tampoco vaticinaba un futuro prometedor El pesimismo humanista y el canto a la libertad están presentes en toda su obra y aparecen en estos textos y declaraciones varias. Lingüista y semiólogo del verbo y la imagen, no obstante, se rebeló contra la etiqueta del tradicional intelectual del momento con su continuado compromiso político y su mezcla de provocación y apasionada subjetividad. Pasolini nos anunció la Europa de los mercaderes y domadores, tenía una peculiar visión del cristianismo y el marxismo y su libertad sexual e ideológica lo alejaron progresivamente de los grandes partidos políticos del momento. Su muerte en extrañas circunstancias (posiblemente vinculada a la extrema derecha o facciones en el poder) revelan que, a pesar de no ser plato de gusto de nadie, era un pensador incómodo, un poeta, un trovador sin pelos en la lengua al que hoy debemos releer con distancia pero también con pasión.

miércoles, 20 de junio de 2018

NADIE NOS MIRA. CINE VALIENTE.


 
 
 
La tercera película de la realizadora argentina  Julia Solomonoff es un desgarrado e intimista poema sobre la dificultad de un inmigrante latino por integrarse en los círculos artísticos de Nueva York. Con su habitual gusto por el ritmo pausado y los planos muy cuidados la realizadora de “El último verano de la Boyita” sigue de cerca el agridulce periplo de Nico (Guillermo Pfennig) un joven actor en series argentinas que desea integrarse en una producción estadounidense pero apenas puede sobrevivir cuidando niños, con la ayuda de sus amigos, esperando un rodaje que no llega y vagando por las calles de la gran ciudad, convertida ya en una mezcolanza de razas pero despiadada en sus oportunidades para la gente que llega de fuera. La extraordinaria sensibilidad audiovisual de la realizadora y el impresionante trabajo de Pfennig, lleno de matices,  intentado ocultar su fracaso en la gran urbe y ante las grandes productoras da como resultado un filme hecho de bloques de secuencias pero también de esos planos largos y estéticamente sugerentes que tanto gustan a la realizadora de “Hermanas”. Sin cargar demasiado las tintas Solomonoff muestra la difícil supervivencia en la ciudad del joven protagonista agarrado a un sueño que no se cumple y tratando de prolongar su estancia entre rascacielos, parques infantiles y pisos compartidos con amigos.
 
Nico el protagonista es un joven gay y aspirante a gran actor aunque la película no aborda tanto la homofobia como la dificultad de cualquier tipo de inmigrante por integrarse en la jungla del mundo del celuloide y su industria. Compuesta a través de la ternura y desarmante humanidad “Nadie nos mira” cuenta sin aspavientos pero con pulso firme y caligrafía fina una batalla desigual de un actor argentino contra un mundo de intereses en el que busca un lugar en el sol, ejerciendo de cuidador a tiempo parcial en un mundo donde las barreras por la raza, la clase y el género están muy delimitadas. La realizadora no escatima situaciones de tensión y melancolía aunque también ofrece momentos de comedia irónica y una hermosa relación del personaje con el paisaje, los diferentes escenarios y el paisanaje más inmediatos llegando a construir un poema a la vez triste, lírico, tenso y antiheroico sobre una derrota que no deja de ser una inteligente requisitoria contra los modos de establecimiento del sistema capitalista y su ambivalente trato dado a los extranjeros. Aunque Solomonoff, uno de los grandes nombres del cine argentino, no ha alcanzado la reputación crítica de su compatriota Lucrecia Martel comparte una forma de hacer más personal, tal vez más accesible y siempre comprometida con la libertad , la autenticidad y la diversidad.

domingo, 17 de junio de 2018

VIOLENCIA HOMÓFOBA EN BURGOS. MIEDO A DENUNCIAR


 
 
 
 
Dos jóvenes burgaleses son increpados y asaltados durante las fiestas del Curpillos. La violencia homófoba hace su aparición en las calles de Burgos y se disparan unas alarmas que debieron existir hace mucho tiempo. Pero lo que más llama la atención es el miedo a denunciar de los dos muchachos que reconocen el ocultamiento sintomático todavía en el seno de la ciudad del colectivo LGTB. Esto es sintomático de una enfermedad social que sigue, aún hoy, instalada en suelo burgalés en los que se impone la vergüenza ante la diversidad sexual. Adrián y Pablo, de 16 y 18 años de edad, insultados y humillados por mostrar su afecto en público no quieren darle más repercusión al hecho y el periódico Local sigue utilizando palabros como “tolerancia” sin aludir a la homofobia social y a un tipo de invisibilidad que favorece la impunidad de la violencia contra las personas no heterosexuales, real o simbólica. No es nuevo que en parques y zonas de ocio de Burgos se instale el miedo a mostrarse tal y como se es y que como ha ocurrido en el caso de Adrián y Pablo el odio por homofobia campe a sus anchas e incluso haya quien haga la vista gorda ante sucesos aún más graves. Aún hoy la sociedad burgalesa, a pesar de los avances en todo el estado, sigue muy en mantillas en cuanto al reconocimiento pleno de la diversidad y las palabras de los ediles suenan un poco vacuas y tardías cuando sigue sin reconocerse el 28 de Junio como Dia de Reivindicación y sin ponerse a disposición de la gente más vulnerable a este tipo de violencia los dispositivos necesarios para superar y afrontar no solo a los violentos sino también ese miedo social a denunciar o ser señalados. El consistorio que ahora se lleva las manos a la cabeza no ha hecho nada por habilitar espacios lúdicos para gente LGTB ni información o campañas específicas sobre sus derechos y libertades.  Asignatura pendiente.

domingo, 1 de abril de 2018

ÚRSULA K. LEGUIN: CONSTRUCTORA DE MUNDOS por Juan Argelina.



"Cuando el último árbol sea cortado, cuando el último río sea contaminado, se darán cuenta que el dinero no se come." (atribuido a Ishi -1860?/1916-, último superviviente de los indios yahi de California)



¿Cómo se describe un mundo cuando se es el único que lo ha vivido, cuando su lengua ofrece imágenes distópicas a a la cultura que lo ha destruido, y, sobre todo, cuando su identidad se disuelve ante las miradas de quienes le ven como un alienígena? La mera existencia del extraño perturba. La inseguridad ante lo desconocido obliga a detenerle, encerrarle, desposeerle de su arma más letal, su memoria, maltratada y ridiculizada por la manipulación de la supuesta superioridad de sus verdugos, seres aparentemente "normales", cuyas vidas transcurren apaciblemente sin mostrar la terrible insatisfacción que les causa la impotencia de no saber por qué se sienten mal ante su presencia. El zoo es el lugar adecuado para él. Al menos eso era lo que se hacía a finales del siglo XIX e inicios del XX con los indígenas "primitivos", demasiado "inútiles" para ser esclavizados o integrados en las civilizadas costumbres de las potencias que habían colonizado sus tierras. Ni siquiera un reconocido intelectual como el antropólogo 
Alfred Kroeber pudo ser ajeno a esta fatalidad: Ishi era mostrado en sociedad como un ser infrahumano salido de otro tiempo, ofreciendo espectáculo a una multitud que hacía cola para verle realizando herramientas, construyendo una choza o simplemente hablando esa lengua incomprensible con la que trataba de explicar inútilmente el sentido mismo de la vida y la muerte. Lo realmente inquietante de esta situación es que, pese a su destrucción física, su presencia permanece en nuestro recuerdo colectivo como presagio de un destino común. Es como si conectáramos con la idea trazada por los griegos en sus grandes tragedias, y el germen nocivo que nos incita a hacer desaparecer al otro, se volviese contra nosotros implacablemente. Ursula K. Le Guin, hija de Alfred Kroeber, lo comprendió muy bien. Huyendo de los moldes machistas y de la fuerza incostestable de los héroes, que no hace sino intentar ocultar la fragilidad de quien los imaginó, creó mundos alternativos, en los que la antropología juega un papel analítico capaz de educar al lector en la observación de comportamientos y relaciones que juegan a relacionar la ficción con proyecciones sobre nuestra realidad socio-sexual y sobre nuestras emociones reprimidas. La angustia de Ishi ante la soledad y la incapacidad de transmitir su comprensión de del mundo se materializa en los protagonistas de sus novelas y cuentos, aislados fuera de su cultura materna, que tratan de encajar inútilmente en un entorno ajeno. Lejos de idealizarlos como seres potentes y super masculinos, les vuelve frágiles y extraños. Lejos de promover magníficas acciones de fuerza, se convierten en seres dependientes del destino, al vaivén de acontecimientos más grandes que ellos mismos. No deben descubrir nada, porque todo ha sido descubierto ya. Ellos son Ishi. 


"El verdadero viaje es el retorno". Estas palabras, pronunciadas al final de "Los Desposeídos" por su protagonista, expresan el sentido de catártico e iniciático de las obras de Le Guin. La mitología no se aprecia como una serie de aventuras desenfadadas, sino que toman la forma de los fenómenos arquetípicos propios de la tradición griega. A las descripciones minuciosas de las sociedades, su pensamiento, sus costumbres y su política, siguen las reflexiones y contradicciones internas de sus protagonistas a cerca de su relación con el choque cultural que experimentan, de tal modo que nos incita a hacerlas nuestras. La ciencia-ficción, un género considerado menor injustamente, ha sido tradicionalmente campo abonado para el conservadurismo político, que vio en él un instrumento para reproducir los patrones clásicos del sistema patriarcal masculino y capitalista, como las historias norteamericanas de superhéroes demuestran. Unas historias repletas de violencia en las que siempre el orden se salvaba gracias a su fortaleza sobrehumana, o bien se justificaba la destrucción de otros mundos, cuando no se les colonizaba, siguiendo el modelo existente en una sociedad marcada por la premisa de la desigualdad y el miedo al "otro". Es verdad que esto ha cambiado últimamente, y, sobre todo en el cine, se observan cambios significativos vinculados a la crisis de ese modelo y a la necesidad de mostrar un cierto sentido "ecologista" ("Avatar"), pero nos seguimos encontrando con un verdadero océano de odio, que no hace sino confirmar la enorme resistencia existente a la hora de reflexionar mínimamente sobre nosotros mismos en relación a la realidad en la que vivimos. 


Ya en 1961 Stanislaw Lem nos ofreció una magnífica ocasión para la introspección en "Solaris", llevada magistralmente al cine por Tarkovski en 1972. Aquí los protagonistas luchan contra sus propias fobias y deseos reprimidos, encarnados físicamente por la acción de un planeta, que en sí mismo es un organismo vivo que actúa sobre su mente. No obstante, la acción continúa con la lógica del enfrentamiento ante la hostilidad de otro mundo incomprensible. En Le Guin, esos mundos son accesibles y profundamente "humanos", con toda la gama de problemas y diversidad que representan las preocupaciones esenciales de nuestra vida: la organización social, la identidad de género, el feminismo, el racismo,.... Fue la primera escritora en explorar la sexualidad, la etnología o la ecología en la literatura fantástica. Su obra está en las antípodas de Tolkien, a quien por otra parte admiraba por la minuciosidad de su creación de un mundo basado en las tradiciones célticas, pero que no dejaba de ser eurocentrista y hasta racista cuando se trataba de señalar a los enemigos del mundo que describía (ese "Oriente", aliado del mal, que Peter Jackson nos mostró caracterizado por ejércitos formados por elefantes y soldados ataviados con turbantes y por armadas de piratas berberiscos). No, Le Guin no busca la épica. Sus "Crónicas de Terramar" (Las tumbas de Atuan -1972-, La costa más lejana -1974-, Tehanu -1990- y En el otro viento -2001-) transcurren en un mundo formado por pequeñas islas, un entorno marino alejado del tradicional marco europeo, que podría situarnos en Oceanía, mezclando tradiciones vikingas, incas y japonesas. La búsqueda o el replanteamiento de la identidad es una constante, que toma la forma de un viaje en el que la experiencia del autoconocimiento se produce por medio del encuentro con la diferencia. Siempre hay un escape de la "zona de confort" para escudriñar en el análisis del otro. 


Como mujer, Le Guin encuentra en el feminismo un campo de acción: "Si una feminista es alguien que piensa que el género es en gran medida una construcción social, y que nada justifica el dominio social de un género sobre otro, entonces soy feminista", dijo. Y con esta idea publicó "La Mano izquierda de la Oscuridad" (1969), en la que un hombre llega a un planeta donde sus habitantes son capaces de cambiar de sexo a voluntad. La reflexión sobre cómo sería un mundo sin conflictos de género hace pensar a la autora en la irrelevancia de la guerra: al faltar las divisiones sexuales, no existiría el nacionalismo. Al no haber un sentido de la confrontación interpersonal, se intuiría que cualquier tipo de distinción sería arbitraria. Esta distopía creó una polémica bastante grande en su día, aunque hoy su carácter "subversivo" no es tan significativo, ya que, aunque se producía una empatía intergénero, no se cuestionaba la identidad sexual durante las etapas en las que esa identidad se manifestaba en cada individuo. Aún así, el reto estaba echado, y fue la base de ficciones feministas posteriores, como "Memorias de una superviviente" (1974), de Doris Lessing, o "La Mujer al borde del tiempo" (1976), de Marge Piercy


Sin embargo, el pesimismo de las proyecciones distópicas hacia el futuro no suele ser compartido por Le Guin, que prefiere describir situaciones en las que la autocrítica se manifiesta ante conflictos interculturales, como se demuestra en la que considero su obra maestra: "Los Desposeídos" (1974), donde analiza lo que podría ser una sociedad anarquista, y su enfrentamiento con el capitalismo y el comunismo de Estado. En contraposición con la famosa novela de William Golding, "El Señor de las moscas" (1954), que explora el efecto que tiene sobre los niños una vida de anarquía, desprovista del orden y la disciplina de los adultos, que acaba en una visión de pesadilla, donde la inocencia se desintegra ante una desmedida propensión al mal, Le Guin nos propone una sociedad equilibrada, donde la pobreza de recursos se compensa con una cultura basada en compartir dentro de un sistema igualitario. La autora nos lleva en un viaje con su protagonista, Shavek, a través de tres mundos opuestos y recelosos entre si, encontrando situaciones chocantes, a veces cómicas y otras dramáticas, que nos vuelven a sugerir el argumento que ya indicaba antes: los individuos se forman a sí mismos en contacto con sus opuestos y aprenden de la diferencia. Aquí Le Guin apuesta claramente por el anarquismo, a cuyo mundo retorna Shavek, sin importarle la reacción de sus compañeros. ¿Utopía? ¿Distopía? Ella misma la subtituló "una utopía ambigua". Y reconoció que nada es perfecto. Ahora que la distopía está en nuestra cotidianidad, y que reconocemos como actuales los terribles contenidos futuristas de los capítulos de "Black Mirror", la lectura de los libros de Le Guin, especialmente de "Los Desposeídos", me resulta reconfortante. Especialmente en su uso del lenguaje. Su mirada de antropóloga es minuciosa. Cuida los detalles y nos recuerda constantemente que la forma en la que describimos el mundo crea nuestro comportamiento y construye las relaciones que mantenemos con él. ¿Como nombrar el género de quien no lo tiene? ¿Cómo modificar gramaticalmente las relaciones de posesión? El aprendizaje cultural nos ha impuesto tanto el primero como las segundas, y no nos liberaremos hasta que no aprendamos otro método de referirnos a ellos. La cultura anarquista de la novela lo había entendido así, y todos compartían la misma experiencia vital en este sentido. Solo por esto, es enormemente sugestiva su lectura. Supongo que imaginaba a Ishi realizando un retorno imposible a su mundo natal y compartiendo sus experiencias de un mundo incomprensible.