martes, 11 de octubre de 2016

LA CUBA ACTUAL EN EL CINE MUSICAL

Viva

Por Eduardo Nabal



Viva es a la vez un melodrama social y un musical desolado sobre la supervivencia de un chico gay en las calles de la parte más desfavorecida de La Habana. El filme de Paddy Breathnach no ofrece concesiones a la hora de mostrar la dificultad por la supervivencia cotidiana en una ciudad “venida a menos”, hermosa pero deteriorada,  donde el hambre y la desestructuración social llevan a gestos de solidaridad pero también de soledad y desamparo.
            Estamos ante la historia de Javier (Héctor Medina, seduciendo a la cámara desde muchos ángulos), un joven voluntarioso, tal vez demasiado resignado para la ocasión, que trabaja como peluquero y ocasional chapero para poder mantener una casa donde vive casi solo. Huérfano de madre, con un padre en la cárcel, Javier se siente cada vez más atraído por el mundo del transformismo y el espectáculo donde tiene a sus mejores amigas y acaba creando a Viva, su alter-ego en el escenario del transformismo. Pero el regreso de su padre, un ex-boxeador brutal, machista y moribundo,  encarnado con esfuerzo por Jorge Perrugorría (Fresa y Chocolate, Guantanamera), combinando zafiedad y un fondo de ternura, complicará aún más la vida callejera de este joven superviviente en una aventura neorrealista en la que solo se siente realizado en un escenario de un club nocturno de la ciudad.
            La película de Breathnach nos muestra los avances sociales en temas de género y sexualidad pero es poco halagüeña con la sociedad y las condiciones en la que viven los personajes y, sin nombrar al régimen en ningún momento, la acción se desarrolla en una Cuba empobrecida, desencantada, incapaz de engañarse a sí misma por mas tiempo, donde casi todos/as sueñan con escapar o labrarse una vida diferente a la que les han deparado la suerte y el ambiente que respiran con dificultad.
             Un filme con un esquema narrativo bastante simple y hasta bastante previsible pero con algunos hallazgos fílmicos notables como las transiciones o elipsis, la banda sonora, algunos diálogos o silencios entre el padre y el hijo y el montaje alternado o paralelo en la parte final.  Viva muestra la belleza de las calles y los personajes pero también la podredumbre interior de algunos de ellos/as y la dificultad de ser uno mismo en un entorno marcado por una hostilidad y el rencor. En este sentido la bonhomía y el estoicismo omni-paciente del joven protagonista resultan algo lacrimógenos e irritantes pero el ritmo, la elegancia de los movimientos de cámara, la iluminación de exteriores e interiores de la ciudad y, sobre todo, la habilidad de Perrugorría para combinar humor y dolor, logran convertir a Viva en una pequeña muestra del cine social a la vez amable y  poco complaciente.
 

sábado, 8 de octubre de 2016

HOMENAJE A LA CULTURA' DRAG' EN EL TEATRO FALLA


'Priscilla': Un montaje espectacular para un clásico del cine contemporáneo


Por José García


Bergson, en La risa: ensayo sobre la significación de lo cómico (2008) apunta que la comedia es el género teatral en el que se produce la mimesis más perfecta de la vida, pues implica un final feliz y una resolución de conflictos, plasma la imperfección del ser humano y de la realidad, y casi siempre hace referencia a sus posibilidades de superación y a sus debilidades. Así ha sido desde que Aristófanes le diera singularidad al género cuando inauguró la comedia ática y así puede deducirse de la comedia musical Priscilla, reina del desierto, un montaje que tras diez años dando vueltas por los escenarios más concurridos del mundo ha llegado este fin de semana al Teatro Falla de Cádiz.

Se trata de la adaptación para el teatro de Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, un clásico del cine de los noventa que ha cosechado casi idéntico éxito de público en su trasposición a ese espacio estático pero mucho más cercano al público que es la escena teatral. Sin duda, he aquí donde se puede encontrar el mayor mérito de la versión teatral de esta mítica película, en las sofisticadas técnicas escénicas que consiguen trasladar todo el dinamismo del guión cinematográfico (que relata el viaje a través del desierto australiano de un grupo de drag queens, con sus correspondientes paradas y episodios de regusto trágico-cómico) a las coordenadas espacio-temporales del teatro, aderezándola con temas igualmente clásicos de la música pop, desde Gloria Gaynor a Tina Turner o Madonna, entre otras.

La fidelidad de la comedia musical al guión de la película (así como a su singular vestuario, que consiguió para el filme su único Oscar en 1994) no es de extrañar, puesto que el director de la última, Stephan Elliot, es también codirector, junto a Allan Scott, de la versión teatral, que explota las posibilidades del nuevo contexto escénico para integrar la participación del espectador y la espectadora, que aplaude, corea, incluso se convierte en elemento de la trama bailando la conga sobre el escenario en el momento happening que tiene lugar al comienzo del segundo acto, en una concepción de la representación teatral que se sitúa en las antípodas de ese teatro épico que con Bertol Brecht buscaba el distanciamiento del público a través de diversas técnicas de extrañamiento.

Priscila es, en cambio, un producto de la cultura de masas. De una cultura que no se emplea en este caso, como suele ser lo más habitual, en trasladar un texto dramático a las posibilidades del celuloide, sino al contrario, trasladar un guión cinematográfico a la escena teatral, tal y como ya ha ocurrido con otras películas que también resultaron verdaderos éxitos de taquilla como Mujeres al borde de un ataque de nervios, cuya versión teatral se estrenó en los escenarios de Broadway. Sin embargo, la película que narra las peripecias de las tres drags apareció en un contexto histórico-social marcado en la comunidad lgtbqi por la conciencia de hechos tan turbadores como la crisis del sida, plasmados durante la década previa y coetánea en películas tan dramáticas como Philadelphia, estrenada también en 1994. Priscilla supone un punto de inflexión a esa tendencia cinematográfica y ahí, radica, en mi opinión, su principal valor, si tenemos que analizar la obra artística como producto social.

Y esto es también lo que se pierde en el musical, que aunque trata de actualizarse introduciendo en los diálogos elementos más próximos en el espacio y en el tiempo al momento de la representación teatral (con alusiones al Primark o a letrillas de Los Morancos, por ejemplo), cuenta una historia que resulta un tanto vieja ya en 2016, cuando las drag queens han dejado de ser personajes subversivos para convertirse en producto de consumo masivo.

lunes, 3 de octubre de 2016

DEL RELATO FICCIONAL AL DOCUMENTAL

Historia de Tarde de perros: realidad, mito y cine

 

Por Juan Argelina y Eduardo Nabal





“Podéis llamarme El perro. Ese es mi apodo”. Así se presentaba siempre John S. Wojtowicz, el hombre que el 22 de agosto de 1972 entró armado en una sucursal del Chase Manhattan Bank en Brooklyn con dos cómplices. El atraco fue un fracaso. La policía rodeó inmediatamente la oficina bancaria y la zona se llenó de curiosos y de medios de comunicación. Fue entonces cuando Wojtowicz hizo una sorprendente revelación: Necesitaba el dinero para que su pareja, Ernest Aron, se sometiera a una operación de cambio de sexo. Tres años después se estrenaba Tarde de perros, la película dirigida por Sidney Lumet y protagonizada por Al Pacino, que contaba aquellos acontecimientos. “Nadie había hecho nunca nada parecido. Nadie había atracado un banco para que se la cortaran a alguien y le cambiaran el sexo. Por eso hicieron la película”, explicaba el propio Wojtowicz. Allison Berg y Frank Keraudren se interesaron por este personaje después de verla. Localizaron a Wojtowicz en 2002, cuando ya había cumplido la pena de cárcel por el atraco, y decidieron rodar un documental sobre su historia. En aquellos años, sus amigos y conocidos le llamaban, ‘The Dog’, el perro, en homenaje al título original del film que había recreado su intento de robo, Dog Day Afternoon.

            A lo largo del documental, gracias a testimonios de amigos y familiares como su primera esposa Carmen Bifulco, de su madre y de la que fue su pareja, Ernest Aron, vamos descubriendo la compleja personalidad de este hombre que fue compromisario del Partido Republicano, soldado en Vietnam y, más tarde, activista en defensa de los derechos de gays y lesbianas. En un momento de la película él mismo se define como un adicto al sexo. “No fumo ni bebo. Tampoco tomo drogas ni soy un jugador. Soy un ángel. Me considero un romántico. Cuando conocí a Ernie fue un flechazo. Y por eso, como la quería tanto, hice lo que hice aquel 22 de agosto de 1972”. También recordaba los entresijos y preparativos del robo. “Antes de ir al banco, fuimos a la calle 42 a ver El Padrino. La acababan de estrenar y dije a los chicos: “Vamos, nos inspiraremos”, como cuando un entrenador jalea al equipo para salir a ganar”. “Es imposible intentar explicar a John. Hace poco nos preguntaban en una entrevista que destacaríamos de él y lo primero que nos venía a la mente era su amor / obsesión por la comida. Durante el secuestro y cuando estaban en el aeropuerto JFK el tipo se escabulló un momento a comprar hamburguesas”, dice Berg. “Yo recuerdo sus ganas de tener sexo con cualquiera, con todo el que conociera, y —sobre todo— la inmensa experiencia humana que suponía estar con él, y la capacidad para ser intenso 24 horas al día. Hablar con él era meterse en una montaña rusa emocional de la que era difícil salir, pero esa misma experiencia es la que le hacía único”, recuerda Keraudren.

            Mientras se rodaba The Dog, John Wojtowicz enfermó de cáncer y finalmente falleció en 2006. Es la amarga crónica de un personaje inclasificable, a veces tierno, otras divertido y en ocasiones patético, que saltó a la fama por un frustrado atraco y que se convirtió en carne fresca para la prensa más sensacionalista. Es la historia de 'The Dog', el hombre que inspiró el personaje de Al Pacino en Tarde de perros.

            En  su película Dog Day Afternoon, Lumet no solo consigue que nos identifiquemos con los atracadores (algo no tan nuevo en el cine negro) sino que el espectador desarrolle un odio visceral a la policía, al FBI e incluso, al principio,  a los propios rehenes, que se comportan, en ocasiones, de forma mucho más vulgar y trapacera que el protagonista, aquí llamado Sonny (un joven Al Pacino en el papel de su vida). Lumet sorprendió con una película vigorosa y dinámica sobre el episodio de un atraco perpetrado por un ‘no profesional’ a la sucursal de un banco cuyo fin era, entre otros, pagar la operación de cambio de sexo de su amante masculino y salir de otros apuros junto a sus compinches. La masculinidad a la vez educada y agresiva de Al Pacino será reconsiderada por el espectador cuando hacia la mitad del filme se revele su bisexualidad provocando que su doble performance de ‘atracador’ resulte doblemente desestabilizadora.  El acontecimiento se convierte en un pequeño episodio sociológico, o así lo muestran el realizador y su guionista, Frank Pierson, ganador de un Oscar.  Separado de su esposa, salido de varios trabajos precarios, la historia de ‘Sonny’ lo  convirtió en uno de los anti-héroes de la pantalla mas populares del cine de los setenta y aún Tarde de perros sigue siendo, si no la mejor, gracias al dinamismo de su puesta en escena y la trágica humanidad que desprenden sus protagonistas,  la película de Lumet por la que mejor han pasado los años.

 

viernes, 30 de septiembre de 2016

'BULLYNG' Y HOMOFOBIA EN LAS AULAS

Del silencio a la visibilidad

 

Por Eduardo Nabal

 

 

"La diferencia nunca debe ser simplemente tolerada sino que debe ser el fundamento del que surjan las polaridades que hagan saltar la chispa de nuestra creatividad"
 

 
Bulling es un anglicismo,  un término importado, que se ha puesto de moda para designar un problema social del que empieza a hablarse en serio. Su equivalencia en castellano sería el tradicional ‘matonismo escolar’ o el más reciente ‘acoso escolar’. Es la verbalización de un sustantivo ‘Bully’, para explicar o dar forma  a su fuerza destructiva, performativa y actuante. ‘Bully’ puede traducirse por fanfarrón, valentón, lidercillo o macarra. Tanto en la mayor parte de los estudios como en las noticias que aparecen en los medios de comunicación de masas españoles se omite, no obstante, el componente genérico, de género o sexualidad, que tiene el término y que podría suponer un avance sobre el término acoso. 


Al decir ‘bulling’, en inglés, estamos identificando la conducta de maltratadores en alumnos varones que hacen de su masculinidad, de lo que consideran sus ‘valores masculinos’ un arma. Un arma que se ha empleado, desde siempre -también en la escuela- contra la falta o carencia de masculinidad o feminidad al uso, de los otros/as. Pero sobre todo hemos de hablar de diversofobia, un término inclusivo que va mas allá de la consabida y algo trillada ‘igualdad de género’, que en sí no significa nada.  Es cierto que en la mayoría de los casos, y así lo dicen las noticias, los instigadores o ejecutores suelen ser varones, pero no siempre es ya así. Y el ‘bullyng’, a mi entender, no puede hacerse en la mayoría de los casos si el modelo educativo, los profesionales implicados y los profesores/as, directivos etc de los centros -o los propios alumnos/as- no consienten en ello y miran hacia otro lado. 

Así una experta norteamericana en el tema, Mila Narone, entrevistada por el diario La Vanguardia, nos recuerda que “en la escuela no se tolera que se llame negro pero si maricón (podríamos decir lo mismo de muchos centros de trabajo). Y añade algo significativo: el niño/a o el/la adolescente callará seguramente si cree que “el insulto” coincide con la realidad y ni siquiera lo ha reconocido ante sí mismo/a”. Y es que, desde mi punto de vista, el ‘bullyng’ homófobo o lesbófobo no sólo afecta al niño/a gay o lesbiana (dentro o fuera del armario) sino a aquél que muestra una inadecuada representación de los roles de género tradicionales y heterosexuales: de los códigos de la masculinidad y la feminidad. 

Un libro, curiosamente venido de Inglaterra, y publicado en castellano mucho antes de la popularización del término por estos lares, llamado Sexualidades e institución escolar  sí que habla del tema, de la relación entre ambos fenómenos, pero no es un libro específico sobre el maltrato psicológico o, incluso, físico de los alumnos gays o lesbianas por otros alumnos/as. Es un libro sobre las sexualidades en el contexto escolar de las aulas británicas. Los aspectos que ligan ambos fenómenos, ‘bullyng’ y homo o lesbofobia no han sido recogidos, a mi entender, por muchos sectores sociales, ni siquiera por aquellos que se dicen hoy comprometidos, de un modo u otro, en su erradicación, comprometidos, también, en la erradicación de la romanofobia. 

El componente homófobo de este fenómeno ha sido obviado hasta hace poco casi siempre en las noticias impresas y solo empieza a aparecer en los estudios recientes sobre el ‘bullyng’. En un reportaje del último número de la revista de la Compañía Mutualista MUFACE se habla de la creciente preocupación por éste fenómeno, pero no se habla de homofobia en las aulas porque la diversidad sexual ha desparecido de la ‘educación para la ciudadanía’. El primer libro traducido al castellano que lleva propiamente el título de ‘Bullyng’ y que desarrolla esta terminología, no menciona ni una sola vez la palabra homofobia y para colmo introduce profusamente la noción de conductas instigadoras del acoso, como  la “falta de garbo al andar, diciendo cosas como que “el niño (¿no puede ser la niña?) aprenda a caminar erguido, con la espalda recta y los hombros cuadrados”. En esto, claro, no sólo podemos leer una manifestación de consentimiento de odio al diferente (por ejemplo, el alumno/a con alguna discapacidad) sino una manifestación que, a mi entender, puede esconder altas dosis de plumofobia y/o transfobia. 

Afortunadamente este hueco va siendo llenado por libros más recientes publicados por editoriales LGTB o de mayor calado intelectual como Bellaterra, Egales o Icaria, con el título de Como combatir el bullyng homofóbico, de Raquel (Lucas) Platero y otros autores. También las representaciones fílmicas se han ido ampliando, incluyendo también la transfobia en las aulas (Ma vie en rose). Solo a partir de casos tan sonados como el suicidio de Jokin en Euskadi o el mucho más reciente, del adolescente transexual Allan han llamado la atención de un fenómeno que empieza a salir a la luz en filmes de fama internacional  como el cortometraje Indochine de Xavier Dolan, Crazy de Jean-Marc Valle, o A escondidas de Mikel Rueda, entre los ejemplos más recientes. 

         
Un fenómeno que ha salido a la luz, se conocen las herramientas para empezar a detectarlo pero necesita un cambio de actitud en los alumnos y los profesores, porque también las formas de acoso y vejación se han refinado, haciéndose tan indetectables como algunos retrocesos en materias de derechos humanos ya incluidos en los programas de la LOMCE. Un cambio que puede empezar por que los propios adultos gays o lesbianas sirvan de modelos para sus alumnos, sin tener la necesidad de ocultarse en una escuela realmente pública y laica.
 

jueves, 29 de septiembre de 2016

AGRESIONES HOMÓFOBAS EN SAN FERNANDO

Cuando una masculinidad fóbica le estropeó mucho más que una fiesta a Raúl Fernández

 

Raúl Fernández, junto a la puerta del bar donde fue brutalmente agredido.







Por José García

Acaba una instrucción de tres años en el proceso por la brutal paliza que sufrió una nochebuena el joven isleño, quien ha llamado a la ciudadanía a acudir en su apoyo cuando se celebre la vista oral


Existe una clase de masculinidad cuya fóbica existencia le confronta continuamente con todos aquellos cuerpos que desestabilizan, muy a menudo sin pretenderlo, el axioma del género binario. Quienes detentan este tipo de masculinidad tienen problemas para asimilar que los cuerpos no tienen que ser de manera excluyente femeninos o masculinos. Bien pudo ser este el caso del individuo que entró en la madrugada de la Nochebuena de 2013 en un pub de la calle San Cristóbal, en San Fernando, Cádiz, y la emprendió a puñetazos contra Raúl Fernández, pateándolo después en el suelo hasta partirle el labio, dejarle magullado todo el cuerpo y afectarle transitoriamente la movilidad de un brazo.

Aquellos hechos, que fueron denunciados por la víctima y que alcanzaron una cierta relevancia mediática, forman parte de un dilatado procedimiento penal que técnicamente ha recién acabado su periodo de instrucción, según ha explicado a este blog el abogado de Raúl, Alberto Domínguez.

Raúl es un fan incondicional  de Marilyn Manson, ‘The Cure’, ‘Sigue Sigue Spuntnik’ y Fabio McNamara. Siempre le ha gustado imitar su estética, maquillarse a su antojo, con un estilo que él mismo define “entre glam y rock gótico”. Y aquella madrugada entró en aquel pub de la calle San Cristóbal acompañado de dos amigos y dos amigas, se puso a bailar con ellos y se encontró con aquel que ya en la misma puerta, tras la brutal paliza, alardeó de ser experto en artes marciales, al tiempo que gritaba que “un puto maricón” le “había sonreído” y que, por ello, le “iba a matar”, según el testimonio de uno de los testigos en el proceso, José Luis Corral. Otro amigo de Raúl, Javier Bonet, también resultó lesionado durante la paliza por intentar impedirla y forma parte igualmente de la acusación particular.

Raúl ha pasado desde entonces una mala época, le da miedo a salir por la noche y tardó bastante en volver a maquillarse. Ahora trata de reconstruir el derecho a la subjetividad que le fue aniquilado con aquella agresión y ha decidido visibilizar la homofobia que aún anida en ciertos sectores de la sociedad gaditana: “Hay quien piensa que lo tenemos todo resuelto porque nos podemos casar, pero todavía existe mucha homofobia”, declara.

Por eso ha hecho un llamamiento a la ciudadanía para que le apoye el día en que se abra la vista oral del procedimiento, que según su letrado será señalada casi con toda probabilidad antes de finales de año, con la posibilidad de que se celebre en la primera mitad de 2017.

En la fase de instrucción han declarado los ya referidos testigos, los porteros de la discoteca, que no intervinieron para impedir la agresión y se limitaron a advertirle de que llamara a la policía, según el relato de los hechos de Raúl, y por supuesto el acusado y presunto agresor, que haciendo uso de una excusa que forma parte ya del manual de defensa del agresor homófobo, argumentó que Raúl había intentado propasarse con él, lo que tanto la víctima como todos los testigos desmienten.

Y luego está la convivencia con los vecinos y vecinas que han dirigido todas sus miradas hacia Raúl ante su decisión de hacer público el caso en los medios de comunicación. La homofobia opera con mecanismos tan ruines que ahora ningún pub de la calle San Cristóbal le permite la entrada a Raúl, convirtiendo a la víctima en responsable de sus desgracias, con el argumento inexcusable de evitar nuevas agresiones.

No es la primera vez que Raúl se siente agredido. Los insultos y comentarios vejatorios hacia su persona en la localidad isleña han sido habituales durante años. “Cuando niño ya padecía un ‘bullying’ muy importante”, admite. Afortunadamente, también se siente arropado por numerosos amigos y amigas que han decidido acompañarle hasta el final de la lucha que ha emprendido.

De hecho, la colaboración de un ciudadano anónimo, que le envió a Raúl el perfil de Facebook del presunto agresor, fue determinante para su identificación. Alberto Domínguez, su abogado, asegura no obstante que también se ha pretendido alterar pruebas en el proceso de investigación, pues el presunto agresor se precipitó a quebrar la URL de su perfil en la conocida red social nada más presentarse con elemento identificatorio. Como consecuencia de la denuncia de esta irregularidad, Domínguez también ha recibido amenazas en varias de sus cuentas en redes sociales.

En definitiva, la historia de Raúl Fernández es ciertamente una de esas historias para no dormir. Pero el joven isleño tiene la intención de lograr conciliar el sueño más temprano que tarde. Su abogado está a la espera de conocer el escrito de calificación del Ministerio Fiscal y, una vez recepcione el expediente, elaborará su escrito de acusación (igual que la otra parte su escrito de defensa), aunque ya ha adelantado que su intención es la imputación de un delito grave de lesiones con el consecuente agravante del delito de odio, pues el contenido y el móvil homofóbico de la agresión está fuera de toda duda para la víctima y su representante legal.

Cuando todo acabe, Raúl espera retomar su labor como trabajador social. “Cuando suceden estas cosas, a menudo, la víctima tiene miedo, incluso cree que la posición de hacer pública la denuncia es motivo de vergüenza”, concluye Raúl. Que ahoga su rabia con la melodía de Depeche Mode.

Pincha en este grupo de Facebook para conocer los detalles y el seguimiento del caso:

Acción La Isla sin Homofobia  

miércoles, 28 de septiembre de 2016

CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA

Cuando se tiene

17 años

 

Por Eduardo Nabal

 

 

 

 

André Téchiné sigue siendo el más importante entre los directores supervivientes de aquello que se llamó ‘nouvelle vague’ francesa. Y aquel que se sigue acercando con la misma valentía a los problemas de los jóvenes de su país, sea en la periferia de la gran urbe, sea, como en este caso, en la Francia rural donde empiezan también a convivir personas de diferentes razas y donde se mezclan las costumbres del pasado y los avances del presente.
            De nuevo, en este Quad on a 17 ans , uno de sus filmes importantes, Téchiné concede una gran importancia al paisaje, a las transiciones,  al paso de las estaciones, a los elementos de la naturaleza que acompañan al estado de ánimo cambiante y a la evolución interior de estos adolescentes y sus familias en un momento crucial de sus vidas en el que chocan de forma a la vez violenta y llena de amor. Aunque algunos giros argumentales recuerdan mucho a Los juncos salvajes y también está situada en un ambiente escolar enrarecido por la competitividad y el despertar (homo) sexual de uno de sus personajes, en el filme encontramos esa madurez episódica y esa dureza más propia de Alice et Martin o Los testigos.
          Tal vez para algunos Techine se copia a sí mismo en algunos elementos de sus relatos pero logra una intensidad, humanidad y una poesía visual- caracterizada por el movimiento de sus personajes en el paisaje- que lo hacen inconfundible, un realizador dotado de una garra indudable para composiciones visuales que no buscan el esteticismo pero apabullan por la mezcla de belleza y realismo, de crudeza y lirismo.
            Algo previsible en su transcurso final, tal vez sin los grandes intérpretes que necesitaba una historia tan potente de tensión en las aulas y choque entre familias y razas, Quand on a 17 ans es uno de los grandes filmes de su autor donde, de nuevo, se mete, con implacable fisicidad, en la piel de sus jóvenes sin temor a helarse o quemarse, donde nos habla sin tapujos del sexo, la enfermedad, el amor y la muerte y donde ese paisaje rural, a veces tan intransitable como una adolescencia fuera de lo común, se funde con el paisanaje de sus criaturas que parecen destinadas a reencontrarse, sea en el interior de una granja, un hospital o una escuela secundaria anodina y donde pocas cosas han cambiado, a pesar de las apariencias.
 

martes, 27 de septiembre de 2016

OCTUBRE TRANS

Pablo Vergara Pérez: "En breve tendremos la primera generación de adultos trans que han crecido acogidos por su entorno y su familia"

 

Por Eduardo Nabal

 

 

 

 

 

 

Pablo Vergara Pérez es uno de los activistas y bloggers trans con más relevancia en el estado español. Actualmente reside y trabaja  en Escocia y está a punto de publicar  su primer libro donde cuenta sus experiencias vitales, personales y políticasAprendiendo a vivir de otra forma: diarios de un hombre trans.”, que estará a la venta desde el trece de octubre en Amazon (http://amzn.to/2d1vLV8)

EDUARDO NABAL.- Explícanos lo del Octubre Trans. ¿Qué buscáis o dónde lo situáis en un calendario de activismo por la visibilidad, la despatologización etc? ¿Cuándo surge toda esta historia?
PABLO V. PEREZ.-  La Red ‘Stop Trans Pathologization’ nació de la actividad de varios grupos activistas, principalmente españoles, que se situaban en el eje Madrid-Barcelona-Toulouse. Todo empezó cuando se iniciaron los trabajos de revisión del manual de diagnósticos psiquiátricos (DSM, por sus siglas en inglés) de la Asociación de Psiquiatras Americana. En aquel momento se vio que existía la posibilidad de empezar a realizar acciones de presión para pedir la retirada de la transexualidad y el travestismo como enfermedades mentales de dicho manual, y también del CIE, cuyos trabajos de revisión comenzaron más adelante. Aunque las primeras acciones comenzaron en torno al año 2007, no fue hasta el año 2009 la red explotó y alcanzó un tamaño global, con agrupaciones adheridas en varios continentes. Sin embargo, en 2013 se publicó el nuevo DSM-V, que todavía contiene una referencia a la transexualidad como “disforia de género” y al travestismo como enfermedad mental. De todas formas, lejos de suponer el final de las acciones por la despatologización, la publicación del DSM tan sólo ha sido un pequeño escollo en el camino, ya que existen muchas más formas de conseguir la despatologización de la transexualidad. Actualmente, se están realizando acciones de presión para eliminar la transexualidad del catálogo de enfermedades de la OMS, sobre las asociaciones médicas para la reelaboración de protocolos sanitarios no patologizantes, y se ha conseguido que muchos países aprueben leyes no patologizantes en materia de derechos de las personas trans, o de identidad de género.
E. N.- Hay una Ley Integral sobre Transexualidad en Andalucía pero que no ha contentado a todos/as. ¿Qué nos puedes contar brevemente al respecto y qué pasos queda por dar?
P.V. P.-  Con la Ley de transexualidad de Andalucía parece que está todo por hacer. Es una ley redactada de manera vaga e imprecisa, que deja un montón de huecos en blanco, que se suponía que se iban a desarrollar con posterioridad, y que no se han desarrollado, o, cuando se han desarrollado, se han desarrollado mal. De todas formas la situación de las personas trans en Andalucía ha mejorado respecto a la situación anterior, al menos en algunos aspectos. En el plano educativo, ya casi no se producen problemas para el reconocimiento de la identidad de los y las estudiantes trans en las aulas, lo que es muy importante, especialmente en el caso de las y los menores de edad. En el plano sanitario, se está produciendo una reforma, desordenada y que está dejando en el aire a muchas personas, pero, honestamente… no es que la cosa estuviese mejor antes. Ahora, muchas personas se quejan de que el médico no sabe a dónde enviarles. Antes, cuando existía una UTIG en Málaga, ocurría exactamente igual. Yo estuve seis meses de médico en médico hasta que, por casualidad, encontré a otra persona trans que me dijo a qué número de teléfono tenía que llamar para darle la información a mi médico. Al menos ahora tenemos la posibilidad de construir un camino. Antes, después de estar perdido en el sistema durante meses, terminabas yendo a parar sentado en la consulta de la psicóloga de Málaga, recibiendo humillaciones sin cuento y preguntas impertinentes durante años, y, además, en una situación de total indefensión. Hoy, hay opciones. Todavía no son automáticas, pero al menos hay cosas que se pueden hacer.
E.N.- ¿En qué aspectos está relacionada la transfobia con la homofobia o la lesbofobia y en que se diferencia claramente? ¿Veis avances y retrocesos, o todo depende desde donde mires?
P.V.P.- Muchas veces los ataques que recibimos las personas trans no son realmente trasfóbicos, sino homofóbicos, y se producen porque las personas trans somos percibidas como homosexuales por ciertos sectores de la población. En ese sentido, la erradicación de la homofobia y lesbofobia son objetivos compartidos entre los colectivos trans y los colectivos LGB. Sin embargo, la transfobia es una fobia con personalidad propia, y no está directamente relacionada con la orientación de género, sino con el rechazo a ciertos tipos corporales. En este sentido está más cercana a otras fobias corporales, como la interfobia o rechazo a las personas intersex, o la gordofobia (rechazo a las personas gordas). Incluye la consideración de que cualquier tipo corporal que se aleje de los cánones reconocidos como válidos debe ser necesariamente una enfermedad, y que las personas con esos cuerpos han elegido convertirse en seres despreciables (o han rechazado deliberadamente la intervención salvadora de la medicina) y, por tanto, se merecen ser despreciados. Hacer chistes sobre gordos y trans es totalmente aceptable, así como se considera totalmente aceptable excluirnos de la vida laboral, de la vida sexual y sentimental, del acceso a ciertos servicios, especialmente servicios médicos, y toda persona compasiva se cree en la obligación moral de reconducirnos hacia el buen camino de los cánones corporales aceptables.
E. N.- ¿Muchas personas trans están hartas de que otras hablen por ellas bien sea la clase médica, los equipos psicológicos, los estudiosos, los grupos feministas reticentes e incluso los activistas gays y lesbianas? ¿Va siendo hora de reclamar una palabra propia lejos tanto de patologización como de oportunismo o paternalismos varios?
P.V.P.-  Sí, ya va siendo hora, y de hecho el movimiento trans*, tanto a nivel del Estado Español como a nivel internacional, ya tiene entidad propia y activistas con nivel suficiente para hablar por si mismxs. Si todavía hay eventos sobre transexualidad en los que la presencia de ponentes trans es marginal y limitada simplemente al testimonio vital propio es porque los organizadores no tienen ni idea de qué va la película y se creen que están todavía en los inicios de la década pasada.
E.N.- Hoy día, no sin dificultades, se va ampliando la posibilidad de la entrada de las personas trans en el mundo laboral. No obstante, parece que el tema del éxodo rural, las biografías peculiares y las experiencias traumáticas no ha acabo del todo.
P.V.P.- El día en que todo esto acabe, todavía está muy lejano. Ahora podemos empezar a soñar que algún día ser trans, o intersex, o gay, o lesbiana, o lo que sea no supondrá una desventaja tan brutal como ocurre en el presente, pero tenemos que recordar que los avances sociales ganados en décadas de lucha pueden retroceder hasta desaparecer sin dejar rastro en un solo lustro. En breve tendremos la primera generación de adultos trans que han crecido acogidos por su entorno y sus familias, y nos contarán cómo lo hemos estado haciendo y qué cosas hay que mejorar, añadiendo su esfuerzo al nuestro… o se relajarán y dejarán que todo retroceda.
E.N.- La hoy llamada ‘teoría queer’ vino, dicho de modo un poco simple, a cuestionar los llamados binarismos de género. Pero me da que todo esto, hoy tan en boga, no fue fácil al principio y surgió de muchas corrientes. ¿Cómo ves tu el origen y el futuro?
P.V.P.- Si bien tengo que reconocer que la teoría queer ha tenido una fuerte influencia en mi manera de comprenderme a mí mismo como personaje subversivo inserto dentro de las categorías binarias de género, lo cierto es que no soy un fan, ni un estudioso. Seguro que hay mucha gente que puede hablar sobre presente, pasado y futuro de la teoría queer y la interacción entre sus diferentes corrientes. Lo que sí puedo decir es que el transfeminismo y el feminismo queer han sido, y son, uno de los pilares sobre los que se asienta la lucha de los colectivos trans*. Incluso los colectivos de activistas transexuales que reniegan del feminismo y la teoría queer utilizan, sin saberlo, ideas y principios que provienen de la teoría queer.
E.N.- Las ficciones trans empiezan a surgir con mayor o menor fortuna. ¿Cuál es la que tu prefieres?
P.V.P.-  He disfrutado como un enano con la primera temporada de Sense 8 y el personaje de Nomi, y con Sophia en Orange is the new black (además, me encanta Laverne Cox en su faceta personal de activista). En películas, me sigo quedando con Romeos, aunque ya tiene unos añitos. Y, muy mal por la nueva versión de Stonewall que pone en el centro de la revuelta la intervención de los hombres gays estadounidenses y blancos, y deja en el margen a las que realmente hicieron saltar la chispa que prendió fuego al polvorín: las mujeres trans, y la concreta e histórica intervención de Sylvia Rivera (inmigrante portorriqueña), y Marsha P. Johnson (afroamericana).
E.N.- Creo que, aunque poco a poco, la visibilidad de las personas trans está teniendo cierta repercusión social. ¿Crees que es solo un ‘boom’ y lleno de problemas teóricos y, sobre todo, prácticos o podría ser el comienzo de un movimiento social sin precedentes, al menos por estos lares?
P.V.P.- Parece que después del ‘boom’ trans que se produjo alrededor del año 2009, la problemática de la discriminación, represión y patologización de las personas trans ha venido para quedarse. Cada vez se encuentra más presente en las agendas de las instituciones y los partidos políticos, así como de otros movimientos sociales, como el feminismo o el movimiento LGTB. También estamos asistiendo a una reacción ante este cambio de escenario, como la aparición de las llamadas Feministas Radicales Trans Exclusionarias (TERF, por sus siglas en inglés) dentro del movimiento feminista, o la actitud defensiva de los líderes gays dentro del movimiento LGBTI. Sin embargo, creo que de momento lo estamos haciendo bien.
E.N.- Tu libro viene a sumarse a esta corriente de visibilización  de la realidad de las personas trans ¿Cuáles son tus expectativas al respecto?
P.V.P.- Hace ocho años, cuando inicié mi transición, casi no había información sobre la transexualidad y decidí empezar a escribir un blog para hablar de mi experiencia. Con el paso de los años algunas personas empezaron a animarme para que recopilase todos los textos en un libro y lo publicase para poderlo leer entero con comodidad, cosa que el formato de un blog no permite. Me pareció que era una buena idea y me puse a ello. Una de las cosas que más me gusta del libro es que, al tratarse de un diario, se puede ver mi evolución personal.  Lo que inicialmente parecía ser un desastre completo ha terminado convirtiéndose en una increíble oportunidad de desarrollo personal. Al publicar el libro también quiero denunciar en primera persona muchas situaciones injustas a las que nos vemos sometidas las personas trans, pero la historia que más deseo mostrar es la de mi crecimiento interior. En este libro comparto experiencias y emociones muy íntimas, que espero que hagan sentir y vibrar a quién lo lea.