miércoles, 21 de marzo de 2018

200 AÑOS DE FRANKESTEIN DE MARY SHELLEY





Por Eduardo Nabal



Hace 200 años que la imaginación de Mary Shelley dio vida a uno de los monstruos más famosos de la historia de la literatura y el cine a lo largo de su historia. Aunque el libro lleva el nombre de su creador la autora siempre será recordada por hacer vagar por la Inglaterra maltrecha por la Revolución Industrial a una criatura fruto de la ciencia y, sobre todo, de una profunda imaginación y desafío a muchos dogmas.
 
Mary Shelley fue hija de una de las precursoras más sobresalientes del feminismo de la primera ola, Mary Wollostonecraft conocida por sus detractores como “la hiena con faldas” y autora de la “Vindicación de los derechos de la mujer”, un libro aún hoy reeditado como fundacional del pensamiento por la emancipación de la mujer más allá de las cortapisas sociales más variadas. También lo fue del pensador e intelectual precursor del anarquismo William Godwin, ambos nombres claves en el pensamiento progresista del paso del siglo XVIII al siglo XIX. Perdió pronto a su madre y su padre tuvo numerosos apuros económicos igual que ella en sus sucesivos y tormentosos matrimonios, el más conocido con el célebre poeta romántico Percy B. Shelley, un hombre poco común (amigo íntimo de Lord Byron) y de salud delicada. Existen muchas leyendas sobre la gestación del monstruo que la haría famosa de forma sempiterna, sobre esos parajes y paisajes humanos que la autora plasmó ya a los diecinueve años y que la llevarían a la novela de ciencia ficción con “The last man” . Pero Mary Shelley además escribió otra serie de cuentos y novelas cortas de pluma femenina y talante levemente feminista, donde cuestiona el totalitarismo de lo social sobre los derechos a la diferencia individual y humanista.  Autora de relatos góticos es fruto de un país en transición donde las nuevas ideas chocan con una sociedad violentamente dividida en clases sociales y con una división brutal entre lo masculino y lo femenino. Su obra cumbre, que ahora cumple su segundo centenario, sigue siendo un impecable libro de suspense, melancolía y reflexión sobre los sentimientos pero también la imagen dolorida de un ser “distinto” perseguido por fuerzas que todavía se deciden a apuntalar conceptos como el de normalidad, humanidad o masculinidad.
 

CLÁSICOS DEL CINE QUEER: OTRA VUELTA DE TUERCA de Eloy de la Iglesia




Por Eduardo Nabal

Del horror en la tradición gótica más depurada trata, en principio, “Otra vuelta de tuerca” su personalísima y polémica adaptación del clásico de Henry James, un libro revisitado con mayor o menor fortuna por el cine o el teatro. Eloy sustituye la tercera persona de la narrativa original y el personaje de una estirada institutriz inglesa por una voz en off de un exseminarista vasco. Al contrario que James y que Clayton en su subyugante adaptación de 1961 no parece demasiado interesado en las atmósferas inquietantes, los decorados suntuosos ni las presencias fantasmales. Como ha señalado Eduardo Fuembuena, el director de “Los Picos”, parece acercarse más a la filosofía de William James (con su peculiar visión de la experiencia religiosa como resultado de un cúmulo de experiencias interiorizadas) que al mundo literario de su hermano al delegar las funciones de custodio de los dos inquietantes y atractivos pupilos en un joven atormentado por una educación jesuítica y una homosexualidad reprimida. Roberto (encarnado por el joven Pedro Mari Sánchez, más conocido por su trayectoria teatral) da un salto hacia la conducta irracional y violenta cuando descubre su atracción por el pequeño Mikel, que, en determinados momentos, como aquel en el que recita a San Juan de la Cruz, parece ir descubriendo el origen de los fantasmas psico-sexuales de su casto tutor igual que en la novela de James los niños saben, al menos en determinados momentos, jugar con el miedo  a lo desconocido de la institutriz. Al recitar unos versos del “Cántico general” de San Juan de la Cruz Mikel, emocionado, casi logra transmitir la ambigüedad amorosa del poema a la mirada turbada de Roberto, que ve en aquellos niños la muerte y el deseo, el principio y el fin.
Si James no deja claro cual de las dos partes (la institutriz o sus pupilos) juega con más destreza a los fantasmas desatando los demonios interiores de la otra parte en ambos casos se trata de una histeria sexual en términos freudianos solo que Eloy ha optado por dar un toque hiperrealista a la fantasía, no solo reduciendo el carácter espectacular de los elementos sobrenaturales sino, especialmente, al convertir al narrador de “los hechos” en un hombre desequilibrado. Un joven reprimido que es  además un exseminarista vasco cuyos impulsos homosexuales son sublimados con violencia en forma de esos fantasmas que persiguen a los niños y que cristalizan en su forma de sobredimensionar sonidos como el ulular del viento, el crujir de las maderas o el ladrido de los perros en la semi-oscuridad. Son conocidas las desavenencias entre el realizador y el actor protagonista aunque es más probable que se debieran a interpretaciones de guión que a una negativa del actor a interiorizar el aspecto homosexual del personaje que, queriéndolo o no, vertebra su punto de vista y el de su oponente Mikel que se autodefine como “niño raro” que “conoce sus secretos”. Además de la trans-gresión de convertir a la institutriz en un sacerdote, de trasladar la acción de Inglaterra al País Vasco, Eloy introduce la religión católica y la tradición jesuítica (con su hondo sentido de “culpabilidad” y su implícita homofobia) en lugar de la anglicana.

  Aunque Eloy ha especulado sobre la intención inicial y soterrada de James de tener un protagonista masculino, está claro que su acto de transgresión de género es, sobre todo, una inmersión en sus propios fantasmas y los de la sociedad de la época. También incluye la lucha de clases entre un seminarista de origen humilde y modales austeros que se desmelena bajo la influencia de dos niños de familia adinerada, que se ríen de algunas de sus maneras y tabúes en cuanto a las “normas sociales”. Aunque Eloy pronto conduce los fantasmas de Roberto al terreno de la paranoia y, sobre todo, una homosexualidad reprimida que lo ha conducido no solo al masoquismo religioso sino también a la sublimación de sus impulsos en figuras como el Cristo desnudo, el niño pervertido por las malas influencias y la sombra de unos fantasmas que lo llevan a un pensamiento, conclusiones y conducta irracionales que acaban cristalizando en el violento enfrentamiento final con Mikel en el interior del invernadero. Un filme transgresor en un intento coyuntural por resucitar el “cine vasco” que ahora nos ha deparado joyas como “80 egunean” o la premiada “Handia”.

martes, 20 de marzo de 2018

EL NUEVO TRAJE ROJO SANGRE DEL EMPERADOR








Por Eduardo Nabal


No estamos en un país que pueda presumir de su “clase política”, por llamarla de algún modo. Ni siquiera de su libertad de expresión o asociación. Tampoco de la limpieza de sus fuerzas vivas. Pero la elección de Putin por requetemayoría absoluta me parece, al menos en términos cuantitativos, una noticia pésima y esperable/temible. Esperable porque el actual “emperador” de Rusia se ha hecho con los medios, llegando a asesinar (en emisoras mientras trabajaban) a quienes se le ponían por medio. Pero pienso en Siria y el pueblo sirio, en Chechenia, en la atemorizada población LGTB rusa, en los incontables periodistas que ya han tenido que abandonar el país, en unos mundiales que se enuncian con el rojo de la sangre de los muchos muertos que dejan este señor y sus múltiples secuaces. ¿Es Putin con la “actual situación sociopolítica” que vive Rusia realmente elegido? Ya es lo de menos. Lo más triste es que nadie en la UE tenga el poder y la gloria de plantarle cara más allá de algún gesto discreto, los que acuden a ganar medallas allí donde degollan a otros por expresar sus opiniones en público, una población que, como cada vez más por estos lares, está cercada por múltiples panópticos de control social y policial con el apoyo además de una Iglesia ultraortodoxa, ultrareaccionaria y de un triunfalismo a la vieja escuela. 


En la masacrada Chechenia, maltratada por el ejército ruso y ahora gobernada por un cretino, se han construido campos de concentración para gays. Ahora el señor Putin se pone y dispone a invadir y bombardear las ya maltratadas tierras donde trata de sobrevivir la población Siria, entre otras. Miles de muertos en Siria, apuntalamiento de los conflictos religiosos, pulsos continuados con su colega Mr Trump. Presumiendo como un henchido  madel-man a la vieja usanza el Emperador no es Rojo por otra razón más que por la sangre que deja dentro y fuera de su país cada mes, cada año, cada semana. Desde aquí animo con cierta desazón al boicot a otras olimpiadas de la vergüenza, a un país que imita lo peor del capitalismo salvaje, cainita y tardío y las viejas formas de las dictaduras donde se unen todos los poderes fácticos. Váyase señor Putin, muchos darían su vida por ello.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Javier Sáez: "Fracasar no es tan malo. Es un lugar de creatividad que nos permite vivir de otra manera"





Por Eduardo Nabal


Sociólogo, traductor y especialista en teoría queer y psicoanálisis, el activista Javier Sáez es autor de importantes ensayos como Teoría queer y psicoanálisis o Por el culo. Políticas anales (este últmo junto a Sejo Carrascosa). Su bibliografía es tan extensa que nos llevaría líneas y líneas relatarla por completo. Pero también ha sido traductor de importes piezas editoriales de teoría queer como la recientemente publicada El arte queer del fracaso, de Jack Halberstam, en la que el activista trans norteamericano nos habla de las posibilidades creadoras de ser un fracaso como mujer y, en última instancia, como persona que no se ajusta a las normas cisheterocéntricas.

miércoles, 28 de febrero de 2018

WONDER WHEEL: WOODY ALLEN Y LA PESADILLA EN EEUU







Por Eduardo Nabal

“La ruleta de la fortuna” es una de las películas más ácidas y sociales de Woody Allen en mucho tiempo que, sin abandonar sus constantes y obsesiones temáticas y estilísticas, logra un ejercicio fílmico de primera tomando como puntos de apoyo – además de sus obsesiones habituales- la dramaturgia mas comprometida (con referencias a varios escritores célebres)y , sobre todo,   la lírica y algo mórbida de Tennessee Williams. Una cuidada fotografía del italiano Vittorio Storaro (con una luz envolvente y seductora) acompañan a una inteligente, incómoda y acerada reflexión sobre las mentiras que aún se venden acerca  del llamado “sueño americano”. Un escenario que tiene mucho de teatral y colorista pero con un argumento inquietante, cada vez mas amargo  y unos personajes atormentados por el pasado, el presente y el futuro donde los ensueños y la codicia chocan de forma sombría. Un filme hermoso y triste, lleno de ironía  e incisivos apuntes sobre la feminidad y la masculinidad, la doble moral, la lucha por la supervivencia  así como excelentes trabajos de actores y actrices destacando Kate Winslet en uno de los papeles más complejos, ambiguos  y difíciles de su dilatada carrera. Un filme que no deja de ser un retrato nada amable  de la “otra Norteamérica” de manos de un dramaturgo y cineasta escéptico que, sin dejar de beber de otras fuentes, se muestra en plena forma en el fondo y en el estilo, mezclando la comedia sentimental, el melodrama social y el cine de intriga, como ya hizo con fortuna en "Blue Jasmine" e "Irrational man"