lunes, 4 de septiembre de 2017

ENTREVISTA AL DIRECTOR Y DRAMATURGO ARGENTINO LEONEL GIACOMETTO






 

Entrevistamos al director de la obra "Desmonte" con ocasión de su estreno en varias ciudades de Argentina

Por Eduardo Nabal



-Hola Leonel ¿Como ves la escena en Argentina dentro y fuera de los canales institucionales sí es que se puede realmente hacer esta distinción?
Leonel Giacometto: Lo que en Argentina se llama “Teatro independiente” es, en realidad, teatro subsidiado por el Estado a través del Instituto Nacional del Teatro. Casi todo el teatro argentino (fuera del teatro comercial, que casi no tiene autores nacionales sino que se compran “paquetes” de obras ya estrenadas en grandes capitales el mundo) está subsidiado dentro de los canales oficiales y las líneas de subsidios de producción y giras del Instituto Nacional del Teatro (INT) son las que, de alguna manera, marcan y delimitan la ruta estética del teatro actual, nos guste o no es
-Siendo dramaturgo, ¿Cómo viviste la experiencia de dirigir un trabajo en el cual el texto fue surgiendo a partir de improvisaciones?
Leonel Giacometto: Surgió de un encuentro y un reencuentro. Con Alexis Muiños trabajamos hace diez años en Fingido (Rosario, 2007), el primero de los acontecimientos teatrales que dirigí bajo esta forma de trabajo con los actores, la dramaturgia y la escena. Fue el mismo Alexis el que sumó a Juan Manuel Medina, quien debuta en la escena local. Cada actor hace dos personajes: Alexis es Tulio y es un Cheto Rubio. Juan Manuel, un Trapito y un Cheto Morocho. Aunque al principio los disparadores (orales) fueron muchos (incluida una revisión de la vida de Robledo Puch), trabajamos en base a los procedimientos de trabajo que vengo desarrollando en otros espectáculos (Fingido, Real, Latente, Desenmascaramiento, Lo que se pierde, Fuga) donde la prioridad, desde el arranque, es el ensayo como campo de experimentación y de cruce entre las improvisaciones y los ensayos que devendrán en pos del espectáculo. Al abrigo de un vacío de la escena que los actores fueron, van e irán llenando con su propio vacío, y donde la actuación resulta el motor de absolutamente todo lo que miramos y escuchamos. En el amparo del recorte, la búsqueda de ritmo frente a una dramaturgia multiplicada. Algunas partes se escribieron durante el proceso. Otras partes no. El recorrido de los acontecimientos siempre es el mismo, pero algunas palabras y dichos pueden variar. Está hecho para eso, variar es una meta forma de la actuación dentro de la actuación, de lo que cada actor con su director ensaya cuando ensaya. De ahí viene la energía de Desmonte, de ahí surge. Dos actores varones con el único límite posible el espacio de desarrollo de su propia ficción, improvisada, desde ellos mismos en cada encuentro/ensayo. Esto no es fácil. Los actores escriben con el cuerpo y la cabeza, ahí, en borrador, mientras otro mira. Los recortes vienen después, aunque la próxima podría variar. Así hasta encontrar la causa de estos encuentros. La premisa fue venir a ensayar “sin nada” (y con todo), no medirnos ni ceñirnos a géneros teatrales. Tampoco reinventar la parodia. El realismo extrañado de una actuación pura desde lo humano ya habla por sí sola. El verosímil sobre lo mostrado es más inquietante que gracioso. Así fue desde el primer encuentro. Los límites dramatúrgicos posibles dentro de una escena sin límites aparentes. Lo de escena son improvisaciones largas, intervenidas desde el dramaturgo con visos de continuo. A veces, no. A veces los actores hacen lo que les gustaría hacer si los dejaran. Eso pasó en algunos ensayos. Un actor (Alexis Muiños) ya conocía este tipo de encuentro teatral en pos de un sentido escénico. El otro actor (Juan Manuel Medina), venido de otra forma de creación actoral, aportó el otro costado necesario: se retroalimentaron las, digamos, tendencias escénicas, dando por resultado, no la confrontación, sino la mancomunión de energías a favor del realismo extrañado ya mencionado. El trabajo de improvisación sobre el total de los materiales organizados fue creando los puentes o nexos en los que posteriormente se asentó la estructura narrativa. Este procedimiento dio por resultado una dramaturgia que no tendrá una, digamos, escritura formal y final sino que estará delineada por ciertas escenas y secuencias-postas que sí fueron escritas y otras con simples referencias situacionales a las cuales se deberá arribar. Tanto en las funciones como en los ensayos la improvisación completará los trayectos entre posta y posta. La actuación escribe, el dramaturgo/director construye el continuo. Principalmente, el cuestionamiento que nos hicimos al comienzo del proyecto (como de todos los proyectos que dirijo) fue el de dar cuenta de una postura política frente a la idea de texto y de escena. Se puso en cuestión el problema de esta tensión que no encuentra, para nosotros, una respuesta unívoca. El comienzo del proyecto, en las primeras reuniones entre los actores y el director/dramaturgo se planteó la necesidad de un abordaje escénico a partir de improvisaciones que, en principio, no tuvieran, no contaran con ningún anclaje situacional definido, ni temático, ni estuvieran inscriptos en una lógica de sentido narrativo, digamos, convencional. Debatiendo sobre los límites, las falencias y los puntos a favor de las estructuras que tienen su concepción en la dramaturgia del actor, comencé a plantearse ciertos aspectos, ciertos procedimientos comunes que me llevaron a la escritura de una especie de manifiesto o tabulación sobre el cual trabajaría desde entonces y al que llamo “Dogma Fingido”, y al que el Teatro Cervantes  se convirtió en un verdadero manifiesto Dogma Manifiesto para ensayar-actuar Desmonte”.
En la obra hay un relato fragmentado pero íntegramente atravesado por el deseo homosexual. ¿En qué medida y aspectos la fuerte presencia de ese deseo definió el carácter y el desarrollo  de Desmonte?
    
Leonel Giacometto: Los atravesados por el deseo somos nosotros. Cada cual desde su edad, su cuerpo, su cabeza, y su realidad circundante en su hacer como tal, como persona, y, sobre todo, como aquello que aún no puedo yo al menos señalar con una denominación que me satisfaga entre la práctica y la teoría. Hay un cuestionamiento de la palabra “gay”, de la palabra “homosexual” y de la palabra “puto”. Este tratamiento lo vengo y lo vine desarrollando tanto en narrativa (putosbreves.tumblr.com) como en teatro (Hombre viajando en taxi, con dirección de Ricky Pashkus, estrenada el año pasado en el Cultural San Martín de Buenos Aires, por ejemplo; o Arritmia, que una de mis obras más estrenadas y donde “lo homosexual” se cuela en la tercera edad). Los prejuicios y los daños de la injuria fueron otro de los tratamientos temáticos durante de proceso de creación de Desmonte.
¿Qué dimensión sociopolítica tiene la obra dentro de un contexto como el argentino en un momento tan complejo  como el actual?
L.G: La única dimensión sociopolítica se establece cuando el espectador puede o quiere resinificar aquello por lo cual uno se contrapone. O no.
La obra se presenta como un “Acontecimiento”, ¿En qué manera se equilibra la tensión entre el “aquí y ahora” de la escena y la construcción ya definida del relato?
L.G: No escribir formalmente algunas escenas revela, entonces, la relación entre escena y texto como de tensión entre la acción y la palabra que interviene transformándola en un elemento vital dotado de una dimensión expresiva de sustancia espacial y funciona a la manera de refuerzo ya que la palabra en sí misma crea su propia materialidad; es decir, crea, funda su propio mundo. Quizás esa sea la verdadera esencia del texto teatral, no tanto su estructura sino su origen, quizás estas formas de escritura teatral sean el real vínculo entre el texto teatral y el escritor. No todos los escritores de teatro son dramaturgos/directores. No todos los directores son escritores y los actores, a fin de cuentas, respiran a la par de uno. Sólo que lo que se escribe en, digamos, gabinete contiene una latencia que ya produjo su placer en su devenir escritura. Lo que sucede en la escena contiene el placer de esa latencia, pero ahí, donde hay un cuerpo que respira a la par de uno. Desmonte. Dos cuerpos. Dos hombres. Dos actores. Cuatro personajes. Cuatro hombres antes y después de un viaje a Europa en el mientras tanto de dos clases sociales. Quizás tres. Y toda la vehemencia. Y todos los valores de proyección sobre los elementos materiales y espaciales. Todos los entornos, los contornos, los atajos y las distancias entre la actuación, el otro, y uno mismo. Todo lo del otro, y todas las formas preconcebidas. Todos los presupuestos. Todos los rechazos. Toda pequeñez, toda invasión mutua, toda injuria. Todo lo otro, todo lo contrario, todo lo accidental, todo el sexo, todas las malicias recíprocas, todo lo que a fin de cuentas, y todo lo que aún no llega. Desmonte, el otro es infinito.
¿Cómo se enmarca una propuesta de estas características dentro del teatro oficial acostumbrado a grandes producciones?
Leonel Giacometto: Es una de las primeras veces que, primero, el Teatro Cervantes produce un espectáculo fuera del edificio en sí que es el Teatro Cervantes, en la ciudad de Buenos Aires. Y, es casi la primera vez en muchos años que el Teatro Cervantes produce un espectáculo experimental donde el riesgo es la palabra clave en y de su hacer.

CINE: LOCAS DE ALEGRIA ¿ALGO MÁS QUE AMIGAS?


Por Eduardo Nabal

Paolo Virzì, uno de los mejores realizadores italianos en activo, que ya demostró su talento para la comedia humanista en filmes como “Catherina va in città” (al servicio de Margherita Buy) se acerca sin prejuicios y con tono irónico, fresco y nada complaciente al tema de la enfermedad mental en la a la vez deliciosa y amarga “Locas de alegría”. Sin falsear la realidad de la vida en las instituciones mentales y como una leve herencia de la antipsiquitaria italiana de los setenta (sobre todo en el momento en el que las dos protagonistas femeninas se fugan del lugar en el que se encuentran recluidas representado sendos papeles) “Locas de alegría”, es un filme de contrastes, choques y mezclas. Mezcla entre la comedia y el drama, la sátira social y el melodrama intimista, el tono ligero y los apuntes serios, la crítica suave y los puyazos a aspectos como la alienación y la delgada línea que separa a médicos de enfermos, la normalidad de la alucinación, la amistad del amor, el parentesco de la filiación. El simpático filme de Virzí se apoya en dos grandes interpretaciones. La actriz y directora Valeria Bruni-Tedeshi despliega todos sus recursos, sin rehuir el más descarado histrionismo,  para  meterse en la piel y los modelos de una excéntrica aristócrata que traba una íntima y a la vez compleja amistad con una joven de distinta procedencia socioeconómica, encarnada con sobria intensidad por Micaela Ramazzotti, actriz poco conocida fuera de la cinematografía de su país pero que acaba erigiéndose en la verdadera protagonista del relato.
Virzí (que ya sorprendió en toda Europa hace pocos años por su mordaz "El capital humano") consigue que el ritmo de su farsa, de su comedia dramática y de su sátira de costumbres no decaiga ni un momento disparando no solo contra la explotación de los enfermos sino también contra los aspectos menos halagüeños de la condición femenina y las frustraciones existenciales en la sociedad italiana de nuestros días así como contra aquellas instituciones que se encargan de custodiar a sujetos que chocan entre sí. Bellamente fotografiada, filmada con brío, con una vistosa banda sonora y un verdadero recital interpretativo del dueto protagonista, “Locas de alegría” oscila entre el patetismo y lo poético, el surrealismo y la falsa ingenuidad, sin decantarse nunca por un tono definido pero consiguiendo una extraña coherencia en la propia incoherencia de ese lenguaje que trata de aprehender en sus imágenes, a la vez serenas e inquietas, que lo rozan pero nunca llegan a caer en el delirio, arriesgando lo justo para que su entretenimiento no peligre más allá de una comedia inteligente y finalmente algo desencantada, algo desigual entre sus pretensiones y resultados, con grandes interpretaciones y una ajustada y hermosa puesta en escena, que transciende lo teatral hacia lo puramente fílmico, lo cómico y lo onírico hacia un realismo algo disfrazado de ligereza pero, en el fondo, desgarrador.

sábado, 2 de septiembre de 2017

ENTREVISTA "EL ARMARIO DE ACERO" EDITORIAL DOS BIGOTES


 
  

 

Entrevista Completa a Gonzalo Izquierdo y Alberto Torres

          sobre la compilación "El armario de acero" (Amores clandestinos en la Rusia Actual). Editorial Dos Bigotes

 
 
 Por Eduardo Nabal

 

 

 Los dos jóvenes compiladores de la antología de prosa y poesía El armario de acero. Amores clandestinos en la Rusia Actual, un libro hermoso y desafiante que ha visto la luz de la mano de la nueva editorial Dos Bigotes. Nos hablan de la gestación de todo un acontecimiento literario.

 

 

 

-¿Cómo surgió el proyecto y, sobre todo, cómo fue posible reunir a todos los poetas y cuentistas que dan esa voz polifónica a El armario de acero. Amores clandestinos en la Rusia actual?

 
El proyecto de El armario de acero surge de la curiosidad por saber cómo abordaban los escritores rusos contemporáneos la temática LGTBI, de qué manera se acercaban a una realidad que estaba siendo oprimida por parte de la maquinaria del Estado.
Para ello, nos pusimos en contacto con el poeta, crítico literario y activista Dmitry Kuzmin, al que le pedimos que nos dijese cuáles eran los autores más representativos de la escena literaria rusa gay y lésbica. Kuzmin, que desde el primer momento se volcó de manera desinteresada en el proyecto, nos pasó una primera selección de textos. Nuestra primera misión fue buscar un traductor que nos hiciese informes de lectura de cada uno de los manuscritos y entonces encontramos a Pedro Javier Ruiz Zamora, que se ha encargado de traducir los relatos y poemas de El armario de acero respetando la belleza y fuerza del original ruso.Para nosotros ha sido todo un descubrimiento hallar un grupo de autores y autoras que no solo tienen mucho que contar sino que lo hacen exprimiendo al máximo las posibilidades expresivas del lenguaje. En definitiva, estamos muy orgullosos de poder ayudar a difundir un conjunto de voces que nos ofrece una mirada diversa y muy personal de esa Rusia donde la LGTBfobia campa a sus anchas.

 

 

-El libro es importante y mas que oportuno pero la mayoría de las voces son anteriores al régimen represivo y asesino de Putin. ¿Cómo creéis que se encuentra la literatura LGTB Rusa ahora?

 
Aunque parte de los textos son anteriores al régimen de Putin, los escritores de El armario de acero siguen en activo, ya sea dentro o fuera de las fronteras de Rusia. No tenemos información actualizada sobre cada uno de ellos, pero sí te podemos contar, como botón de muestra, dos casos que nos ha relatado Margarita Meklina, autora de dos de los relatos de la antología. Hace unas semanas, la escritora (que vive exiliada en California) se puso en contacto con nosotros para contarnos dos sucesos bastante representativos de la situación de la literatura LGTBI en Rusia un año después de la promulgación de la ley.
El primero se refiere a la censura de una pieza de teatro infantil, El alma de una almohada, que fue cancelada en Moscú debido a que contenía elementos de “propaganda homosexual”. Desde el ministerio de Cultura se afirmó que el gobierno no iba a apoyar obras que no estuvieran “basadas en los valores tradicionales rusos”. El segundo, la paralización de la distribución de la antología I am in Lisbon. With Somebody Else, que no ha podido ver la luz debido a que contenía elementos propagandísticos y pornográficos.
 
 
-Putin es uno de los pocos presidentes sanguinarios que siguen haciendo buenas migas con algunos países de Europa (sobre todo a raíz de las “Olimpiadas de la vergüenza”)? ¿Veis un cambio posible o solo necesario?
 
Es evidente que las relaciones entre la Rusia de Vladimir Putin y el resto de Europa están condicionadas por una serie de factores (políticos, económicos, militares, etc.) que se acaban imponiendo a los derechos de colectivos “minoritarios” como el formado por gays, lesbianas, bisexuales y transexuales.
Dentro de esta lógica marcada por las estrategias macropolíticas, hay cabida para la indignación y la protesta pública pero siempre dentro de unos límites. Los Juegos Olímpicos de Sochi fueron un buen ejemplo de ello: al final, la condena a las leyes contra la “propaganda homosexual” se resumieron en unos cuantos gestos simbólicos que, aunque oportunos, no dejaron de ser poco “efectivos” ya que casi nada ha cambiado en Rusia en lo referente al respeto de los derechos LGTB. Por lo tanto, el cambio es necesario y creemos que será posible en la medida en que las leyes tienen fecha de caducidad.

 

 

-En el libro hay gays, lesbianas y trans. Esta bastante equilibrado. Es un grito de amor y sabiduría. Pero también un grito de guerra contra la intolerancia o el heterosexismo. ¿Me imagino que son todos los que están pero no están tod@s los que son o fueron?

 

 
 
En el libro hay gays, lesbianas y trans. Esta bastante equilibrado. Es un grito de amor y sabiduría. Pero también un grito de guerra contra la intolerancia o el heterosexismo. ¿Me imagino que son todos los que están pero no están tod@s los que son o fueron?
Efectivamente, El armario de acero es una muestra representativa de la literatura rusa contemporánea de temática LGTBI, pero existen otros autores y autoras que no hemos podido incluir en esta edición y que nos encantaría publicar en un futuro. Es el caso, por ejemplo, de Margarita Geide, cuyos terribles textos, en los que toca el tema de las convenciones de género, surge otra idea: la xenofobia y el amor son incompatibles. Es muy gratificante poder descubrir a escritores tan comprometidos que cuestionan los preceptos falocentristas y que nos sorprenden con su manera de abordar los sentimientos y las relaciones.
Como explica Dmitry Kuzmin en el prólogo, los autores de esta antología pertenecen a distintas generaciones y cada uno posee una visión particular de la cultura LGTBI y de cómo el poder persigue a las minorías. Desde la sátira de Vadim Kalinin hasta la disección del mal que traza en sus versos Sergei Finogin, que con 24 años es el más joven de los integrantes de El armario de acero. La literatura rusa LGTBI que surgió tras la caída de la URSS incluye otros nombres como Alekséi Purin, Alekséi Ilyanen, Dmitry Aleksandrovich Prigov, Faina Grimberg o Lidia Yusupova, que cogieron el testigo de autores tan importantes como Mijaíl Kuzmin y Yevgeny Jaritónov.

 

 

 

-Llama la atención el poema de Berltold Bretch, uno de los más violentos de una colección de textos que van desde el lirismo intimista hasta el desgarro más pesimista. Supongo que todo esto está relacionado con la evolución social de Rusia como país, zona o región de regiones y también con la influencia (indirecta o no) con la literatura LGTB de otros países?

 
En efecto, la historia de la literatura rusa de temática LGTBI refleja la evolución social y política del país. Los primeros testimonios datan de principios del siglo XX, con figuras como Mijáil Kuzmin, que en su novela corta Alas sugería de una manera explícita el amor entre un hombre y un joven, Sofía Parnok, la primera poetisa rusa lesbiana, o Marina Tsvietaieva, cuyo romance con Parnok sirvió de base para su ciclo de poemas Amiga.
La llegada de Stalin y la criminalización de las relaciones homosexuales provocaron el nacimiento de una literatura rusa clandestina. Ya en los años 70, la literatura rusa gay vivió un renacimiento, apoyada en Yevgeny Jaritónov, interesado en los conflictos del alma, la soledad y el anhelo del amor.
Con la caída de la URSS, se detuvieron las persecuciones legales a los gais y se levantó la censura sobre la homosexualidad. Surgieron distintos autores que trataron de continuar la línea de Kuzmin y Jaritónov, como Alekséi Purin y Alekséi Ilyanen. En los 90, se dio un paso importante en la normalización de la literatura LGTBI con la aparición de Dmtry Prigov, Nikolay Kononov o Lidia Yusupova, entre otros.
En los últimos años, voces como las de Vadim Kalinin, Aleksander Anasevich o Serguei Finoguin, los tres presentes en la antología, ejemplifican la diversidad con la que es abordada la temática.
 

 

Existen prejuicios difíciles de desterrar. Uno espera encontrar poemas tímidos de hombres y mujeres todavía asustados, pero la mayoría son irreverentes, llenos de humor y sexo explícito. Hay algo premeditado en ello o los escritores cuentan lo que quieren contar?

Tienes razón en que una de las principales características de los textos reunidos en El armario de acero es su descaro, el empleo del sentido del humor y del erotismo como elementos expresivos a través de los cuales reflejar los diferentes aspectos de la “vivencia” homosexual. Aunque hay cierto poso de tristeza, en el conjunto se impone un sentimiento de libertad que contagia tanto al contenido como a la forma de los relatos y poemas.
Creemos que los escritores cuentan aquello que desean contar y lo hacen utilizando las herramientas literarias que tienen a su alcance con el objetivo de provocar una reacción en el lector, de sacudirle, de hacerle mirar la realidad desde otra perspectiva. Esta capacidad de “extrañamiento” consideramos que es uno de los grandes valores de la literatura.
 

 

-Aunque sé que el libro es un libro de creación literaria  que llena un hueco muy importante a uno le gustaría saber algo mas sobre el destino de estos hombres y mujeres? ¿Cuál fue el grado de implicación de autoras y autores en este proyectivo colectivo?
 
Estamos muy agradecidos a todos los autores y autoras que forman parte de El armario de acero por su colaboración e implicación en el proyecto. Cada uno de ellos ha cedido los derechos de autor de sus textos para protestar contra la ley contra la propaganda homosexual de Vladimir Putin y nos han mostrado su satisfacción y orgullo porque sus relatos y poemas puedan ver la luz en castellano y sirvan para denunciar su situación.
En el caso del artista Slava Mogutin, por ejemplo, nos dio vía libre incluso para utilizar, si queríamos, una de sus fotografías para ilustrar la portada del libro. Seguimos en contacto con muchos de los escritores de El armario de acero, que nos envían información sobre la cultura LGTBI en Rusia. Nikita Mironov va a venir a España en el mes de octubre y seguramente podremos contar con él para presentar la antología y que nos narre en primera persona su experiencia como poeta homosexual.

CLASICOS CINE QUEER: EDWARD II de Derek Jarman


 

 

 

 

DEREK JARMAN Y “EDWARD II” (1991)

 

Por Eduardo Nabal

 
 
 
Derek Jarman nace en Northwood, Middlesex, Inglaterra el 31 de enero de 1942 y muere en 1994 víctima del virus HIV del que era portador desde 1986.  Para este tiempo,  ya era una figura pública muy bien conocida en Inglaterra, activista y defensor de los derechos humanos y de los gays, inflexible en su lucha en contra de los medios y la homofobia. Su trabajo ha ganado un amplio aplauso y respeto alrededor del mundo.
 
Derek Jarman fue un personaje polifacético, además de las películas que rodó, también filmó una buena cantidad de cortos y vídeo-clips, y ha sido también productor, actor, escritor, escenógrafo, pintor especializado en collage y director de ópera. Sus películas fueron galardonadas en muchos festivales internacionales. Como escritor publicó no sólo sus guiones sino una serie de trabajos formalmente innovadores de un “collage autobiográfico” y diarios en los que se reinventaba él mismo y su vida, una y otra vez. Su carrera como pintor se desarrolló paralelo a su trabajo como diseñador. Estuvo nominado al premio Turner en1986 cuando su trabajo fue exhibido en la Tate de Londres. El sólo hecho de que Jarman pueda cumplir un papel tanto en la historia del cine como de las artes plásticas habla de un impulso artístico excepcional en su generación.
 
El cine de Derek Jarman es tan alucinante como desconocido para el gran público, al menos en nuestro país, y es que su cine independiente nunca anduvo cerca de los circuitos comerciales. De hecho, siempre encontraba muchas dificultades para encontrar productores para realizar sus películas, y es que algunas llegaron a tener menos presupuesto que las películas llamadas de serie b o bajo presupuesto.
 
Era una persona decepcionada con la situación política de Inglaterra durante la legislatura de Margaret Thatcher, y de esa Inglaterra deprimida sacó inspiración para escribir algunas de sus películas. Fue bastante criticado y atacado por los periódicos, el gobierno y el parlamento, incluso lo declararon personaje no deseado en Inglaterra hasta durante varios años. Otras de las inspiraciones fue su homosexualidad declarada, que también era palpable en sus películas.
 
Así como David Leavitt, novelista de la causa, Jarman problematiza la idea de un arte completamente subsumido en una cultura. Si Leavitt opta por el realismo novelesco y el asimilacionismo, Jarman se instala en el vanguardismo cinematográfico y la reivindicación de la diferencia. Las películas de Jarman experimentan con el anacronismo y el fragmento como sólo las de Godard, antes que él. Wittgenstein (1993) es una obra maestra del fragmentarismo, basada en la vida y la obra de Ludwig Wittgenstein, uno de los más grandes filósofos del siglo XX. Blue (1984) es el testamento cinematográfico de Jarman. Película sin imágenes, sobre una pantalla permanentemente azul se escucha la voz del autor, reflexionando sobre su obra y su experiencia de vida. Es un experimento radical que lleva el cine hasta el límite agónico que lo hace coincidir con la propia experiencia de vida de Jarman que para ese entonces estaba ciego.
 
 
 
 
Eduardo II (1991) Fue su última gran película definida dentro del Cinema Queer. Basada en la obra de Christopher Marlowe (1564-1593), Jarman hace una libre recreación de la vida de este monarca inglés que gobernó a principios del siglo XIV, deteniéndose en la relación homosexual que mantuvo con Piers Gaveston, un joven de origen humilde y los problemas que de ella derivaron.
 
 
 
La película es voluntariamente anacrónica, mezclando diálogos siglo XIV, con un vestuario, una música y una estética del siglo XX, con elementos de la cultura, pop, las subculturas gays y la iconografía local. Incluso se puede ver a un grupo de activistas gays británicos pidiendo la igualdad de derechos para los homosexuales, además de un clip de Annie Lennox cantando el himno de la causa gay norteamericana.
 
La película Eduardo II, filmada exactamente 400 años después de la obra original, es erótica, política, visualmente arrasadora, experimental en el sentido más provocativo e inolvidable. Antes de ver la adaptación reveladora del obra de teatro de Marlowe, es importante situarse unos siglos atrás y saber que era conocido como el chico más malo del Renacimiento Inglés, su lema era “lo que me nutre, me destruye” . Jarman juega un rol no muy diferente a cuatro décadas atrás. Quizá una de las obras más importantes del drama que Marlowe aportó al teatro es esta pieza maestra “Eduardo II”.  Es una combinación sin precedente de flexibilidad poética, pasión sin límites y compasión radical  que la hace no solo una tragedia inglesa sino la gran y singular temática gay entre el mundo antiguo grecorromano y la era moderna.
 
 
 
Es la película más simple pero con características más resonantes de Jarman. Las opresivas  paredes de piedra tan altas que siempre están por fuera del recuadro, los pisos sucios y el interminable laberinto de los corredores todos reflejando la naturaleza sofocante  de este mundo. Jarman acentúa el efecto con afiladísimos rayos de luz agudos y cortantes. Paradójicamente, es un espacio a la  vez plano, con cuartos estrechos pero sin límites. Esta puesta en escena no es disimilar al escenario Isabelino para el que Marlowe escribió, a la vez abierto y opresivo.
 
El diseño vanguardista es sorprendentemente original y en él involucra anacronismos con  las convenciones del teatro Isabelino. El vestuario juega una profunda significación en la estilización dramática. Jarman escoge literalmente el vestuario más restringido de las recientes décadas para jugar con naturaleza  represiva de la corte, un enfoque no diferente al escenario Isabelino, apuntando una mordaz mirada política en la que la naturaleza de la corrupción del poder y la presión anti-gay no es muy diferente en nuestro mundo moderno que en la época de Marlowe.
 
 
El estilo visual es simple y directo; es quizá uno de los más formalmente puros en términos de composición. Hay una austera belleza visual, no sólo en el escenario y el vestuario sino en los recuadros y aún en el movimiento de la cámara. Lo que hace esta estrategia visual tan fuerte y a veces abrumadora, son las volcánicas pero reprimidas emociones de los personajes están siempre en devastador contraste con los plácidos espacios.

CLASICOS CINE QUEER: TARDE DE PERROS de Sidney Lumet


 
 
 
 

 “TARDE DE PERROS”: REALIDAD,  MITO Y CINE


 

Por Juan Argelina y Eduardo Nabal

 

 

“Podéis llamarme El perro. Ese es mi apodo”. Así se presentaba siempre John S. Wojtowicz, el hombre que el 22 de agosto de 1972 entró armado en una sucursal del Chase Manhattan Bank en Brooklyn con dos cómplices. El atraco fue un fracaso. La policía rodeó inmediatamente la oficina bancaria y la zona se llenó de curiosos y de medios de comunicación. Fue entonces cuando Wojtowicz hizo una sorprendente revelación: Necesitaba el dinero para que su pareja, Ernest Aron, se sometiera a una operación de cambio de sexo. Tres años después se estrenaba Tarde de perros, la película dirigida por Sidney Lumet y protagonizada por Al Pacino, que contaba aquellos acontecimientos. “Nadie había hecho nunca nada parecido. Nadie había atracado un banco para que se la cortaran a alguien y le cambiaran el sexo. Por eso hicieron la película”, explicaba el propio Wojtowicz. Allison Berg y Frank Keraudren se interesaron por este personaje después de verla. Localizaron a Wojtowicz en 2002, cuando ya había cumplido la pena de cárcel por el atraco, y decidieron rodar un documental sobre su historia. En aquellos años, sus amigos y conocidos le llamaban, The Dog, el perro, en homenaje al título original del film que había recreado su intento de robo, Dog Day Afternoon.

 

A lo largo del documental, gracias a testimonios de amigos y familiares como su primera esposa Carmen Bifulco, de su madre y de la que fue su pareja, Ernest Aron, vamos descubriendo la compleja personalidad de este hombre que fue compromisario del Partido Republicano, soldado en Vietnam y, más tarde, activista en defensa de los derechos de gays y lesbianas. En un momento de la película él mismo se define como un adicto al sexo. “No fumo ni bebo. Tampoco tomo drogas ni soy un jugador. Soy un ángel. Me considero un romántico. Cuando conocí a Ernie fue un flechazo. Y por eso, como la quería tanto, hice lo que hice aquel 22 de agosto de 1972”. También recordaba los entresijos y preparativos del robo. “Antes de ir al banco, fuimos a la calle 42 a ver "El Padrino". La acababan de estrenar y dije a los chicos: ‘Vamos, nos inspiraremos’, como cuando un entrenador jalea al equipo para salir a ganar”. “Es imposible intentar explicar a John. Hace poco nos preguntaban en una entrevista que destacaríamos de él y lo primero que nos venía a la mente era su amor / obsesión por la comida. Durante el secuestro y cuando estaban en el aeropuerto JFK el tipo se escabulló un momento a comprar hamburguesas”, dice Berg. “Yo recuerdo sus ganas de tener sexo con cualquiera, con todo el que conociera, y —sobre todo— la inmensa experiencia humana que suponía estar con él, y la capacidad para ser intenso 24 horas al día. Hablar con él era meterse en una montaña rusa emocional de la que era difícil salir, pero esa misma experiencia es la que le hacía único”, recuerda Keraudren.

 

Mientras se rodaba The Dog, John Wojtowicz enfermó de cáncer y finalmente falleció en 2006. Es la amarga crónica de un personaje inclasificable, a veces tierno, otras divertido y en ocasiones patético, que saltó a la fama por un frustrado atraco y que se convirtió en carne fresca para la prensa más sensacionalista. Es la historia de The Dog, el hombre que inspiró el personaje de Al Pacino en “Tarde de perros” (Dog day afternoon, 1975).

 

 

En  su película “Dog Day Afternoon” Lumet no solo consigue que nos identifiquemos con los atracadores (algo no tan nuevo en el cine negro) sino que el espectador desarrolle un odio visceral a la policía, al FBI y, a ratos,  hacia los propios rehenes, que se comportan, en ocasiones, de forma mucho más vulgar , equívoca y trapacera que el protagonista, aquí llamado  Sonny (Al Pacino en el papel de su vida y con el mismo apodo con el que lo llamaban en su barrio de joven). Lumet sorprendió con una película vigorosa, mordaz y dinámica sobre el episodio de un atraco perpetrado por un “no profesional” a la sucursal de un banco cuyo fin era, entre otros, pagar la operación de cambio de sexo de su amante masculino y salir de otros apuros económicos. Separado de su esposa, salido de varios trabajos precarios, la historia de “Sonny,” lo  convirtió en uno de los anti-héroes más populares del cine los setenta y aún “Tarde de perros” sigue siendo, sino la mejor, gracias al dinamismo (casi coreografiado) de su puesta en escena, a la vitalidad que respiran sus imágenes y la trágica humanidad que desprenden sus protagonistas, tal vez,   la película de Lumet por la que mejor han pasado los años. Resulta curioso que hoy día las listas de las mejores películas de los 70 las encabece “El padrino” (el filme que inspiró a los atracadores para su “golpe” improvisado)  tan familiar, al fin y al cabo, y en cambio una película tan iconoclasta como “Tarde de perros” siga circulando como un gato perdido por la mitología de aquellos años que si bien esta última ha pasado con creces la prueba del tiempo. No obstante, “Dog day afternoon”  no ha sido objeto, o no en la misma medida que otros títulos de aquellos años, del merecido reconocimiento, a pesar del Oscar a su guionista Frank Pierson y que convirtió a Pacino ya  en una estrella. “Tarde de perros” hoy puede ser vista como un filme romántico casi como una locura épica, a principios del gay-lib en EEUU, tal vez filmada por un director de policiacos poco o nada rompedor, pero que en esta ocasión arriesgo bastante y le salió bien la jugada. La “queeridad” debemos buscarla o la encontramos en la historia en sí misma, un atraco a una sucursal bancaria sin un plan previo para un “rebelde con causa” (pagar la operación de cambio de sexo de su amante masculino, a pesar de estar casado hace años con una mujer). Hoy día hay detalles increíblemente modernos como los ya citados y también el hecho reseñable de que aquel al que finalmente asesina la policía sea el cómplice árabe, la importancia de los mass-media en la construcción del éxito o de la dimensión mediática del atraco y en una suerte de performance anticapitalista nada desdeñable, que hoy se queda, eso sí, harto ingenua. Otros aspectos quedan desfasados por el avance de las tecnologías de la comunicación y la sofisticación en las formas de conseguir dinero que desde luego ya no son, en ninguno de los casos, parecidas a que muestra la película.

viernes, 1 de septiembre de 2017

CUERPOS MINADOS. ENSAYO SOBRE MASCULINIDADES EN ARGENTINA



 
por Eduardo Nabal
 

CUERPOS MINADOS viene a cubrir un espacio urgente en el estudio de las nuevas masculinidades en Argentina a finales de la segunda década del nuevo siglo. Unas masculinidades que ya no pueden nombrarse más que en plural y que no pueden nombrarse  sin dejar de tener en cuenta la irrupción en la esfera pública de nuevas realidades corporales y su socialización y, también, la institucionalización de nuevas formas de relacionarse. Y, por supuesto,  las nuevas subjetividades en torno al hecho de ser o parecer “varón” a la luz de las nuevas teorías y prácticas sobre los cuerpos, las razas y los géneros. Por eso hablar de masculinidades hoy es hablar de homo/hetero, hablar de etnicidad, clases sociales, hablar de legado histórico, hablar de culturas, hablar de derechos frágiles, hablar de feminismos y todo ellos aparece recogido, en mayor o menor medida, en la variada recopilación de ensayos dirigida por Javier Maristany y Jorge Luis Peralta. Dos autores que no son nuevos en el terreno de la exploración de las masculinidades hispano-argentinas a la luz de la teoría queer y las culturas LGTB.
 
 
“Nuevas masculinidades” nos habla pues, además,  de masculinidades de niñas, jóvenes y mujeres, se acerca a películas ya míticas como el clásico moderno “La León”, no olvida la evolución de los colectivos de hombres anti-patriarcales ni su labor realizada pero sitúa también en el centro las masculinidades no heterosexuales y no cisexuales a partir del análisis de textos canónicos de la literatura argentina como “La traición de Rita Haywhort” de Manuel Puig objeto de estudio del español Alberto Mira o el cine ya clásico de Adolfo Aristaraín centrado en la figura del padre y lo patriarcal como figuras a repensar o deconstruir. No faltan aproximaciones sociológicas y políticas como las de Fermín Acosta o Lucas Martinelli, analizando los cambios en los imaginarios sexuales a partir de los ochenta en el imaginario común, las nuevas pedagogías públicas ni la aproximación a la violencia y la masculinidad en el nuevo y más reciente cine gay argentino de la mano del experto Alfredo Martínez Expósito a partir de la película “Solo” de Marcelo Briem Stam. Un libro hecho de partes distintas  que forman un tejido unitario e inmenso para repensar una figura hoy tan maleable y a la vez tan impermeable como la del sujeto masculino que ya nunca puede nombrarse en singular y que a la luz de los nuevos estudios culturales es puesto en observación atenta, lúcida, irónica y minuciosa en “Cuerpos minados”, un ensayo de ensayos pronto en librerías.
 
 

LA ESTACA, CATALUÑA Y LA LIBERTAD


 





 

Siendo bastante ignorante en la materia y sus raíces históricas solo me voy a atrever a dar unos apuntes sobre una cuestión que ha llegado a dimensiones (infladas) mediáticas irrisorias y a la vez no exentas de extraño “encanto” en una España desolada por el paro, el autoengaño, la miseria material y  cultural y la corrupción de altos vuelos. Hay convocada una consulta o “referéndum” de cara a la posible autodeterminación para el próximo 1 de octubre en Cataluña. Pero el poder centralista va hacer nuevamente todo lo posible para impedirla, boicotearla o deslegitimarla. Incluso Cospedal, estrenándose como prepotente Ministra de Defensa a tuti plen, ha amenazado, en un alarde de prepotencia, con “sacar los tanques a la calle”, al más puro estilo golpista. Lo malo es que el independentismo catalán hoy se ha ganado unas simpatías poco sólidas. La verdadera izquierda siempre ha querido el derecho de los pueblos a la autodeterminación, por encima de imposiciones centralistas que vienen de antiguo. Pero parece que la mayoría del pueblo catalán y, en particular  uno de los sectores más nacionalistas que no independentistas -en su origen--  fue la burguesía industrial catalana y sus aledaños. Puede que un sector de las clases populares  fuera independentista y  si buscara una forma de autoexpresión y autodeterminación, una forma de autonomía que les permitiera autogestionarse y destapar a sus propios corruptos si la excusa de la “dependencia del poder central”. Pero ahora éste referéndum que parece haber unido- temporalmente.  a izquierdas y derechas catalanas en un común objetivo separatista que  ha suscitado una generosa empatía en el resto del estado por las trabas, zancadillas, escuchas, espionaje y guerra sucia desatada por la derecha en el poder contra esas mismas pretensiones de Cataluña en erigirse como nación independiente. Una Cataluña que ya no es la que era, lejos del despertar antifranquista, el republicanismo más auténtico, Ocaña y el camp barcelonés, el anarquismo travestido, la ética libertaria. Esa Cataluña libre es hoy una Cataluña hoy también amordazada por su propia policía además de por la del Estado Español, de libertades inseguras y con sus propios figurines y, a pesar de estar, en algunos aspectos, culturalmente más avanzada, igual de mísera en sus diferencias sociales. Estrellas mediáticas de gran poder de seducción frente al público como Gabriel Rufián gustan por su capacidad de molestar al partido en el gobierno pero anteponen, en el fondo y lo vemos en sus pactos autonómicos, su catalanismo a su visión social de izquierda real y duradera con visos a un futuro por construir.  O sea un independentismo contra el Partido que desgobierna el Estado Español y sus votantes, pero no un independentismo con una sólida y duradera base social, en gran medida. Es decir un odio común, lo que es muy loable pero que no acabará ni con la alta corrupción de la derecha catalana en el poder ni con los muchos otros problemas del pueblo catalán en su conjunto. Puede que logren librarse de la monarquía española y hasta del Partido (u Organización Mafiosa y Criminal ) Popular, que no es poco, pero lo que tienen en casa tampoco es nada envidiable – más bien al contrario- y eso les va a tocar  afrontarlo y solucionarlo allí donde sitúen las/sus fronteras.
 
Uno siempre ha pensado que la coacción del Estado central sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos no ha traído nada bueno y, sin dejar de condenar la violencia, no entiende ese miedo a la diversidad sociocultural y esa cerrazón cuasifascista a que cada pueblo o nación decida sobre su futuro, incluso sobre si quiere ser una república y no seguir sobre una monarquía absurda y en horas bajas. Aunque también es muy posible que en el referéndum saliera un “no” ya que la derecha española y también los españolistas de Cataluña “saben votar como un solo hombre” cuando se presenta la ocasión, como hemos comprobado recientemente. Sea como fuere, y desde la indiscutible empatía que suscita un pueblo enfrentado a una maquinaria centralista corrupta, dictatorial y manipuladora, no creo que para Cataluña haya un día clave en su historia sociopolítica, si puede (podría)  haber un cierto sentido simbólico contra el caciquismo centralista y sus artimañas de baja estofa, pero los caciques de dentro, actuando de igual modo contra su pueblo, se quedan en el interior y  en el poder.